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Nuestras Obras

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«Todas nuestras buenas obras son como un trapo sucio» (Isa. 64:6).

Una niña de nueve años quería hacer algo por agradar a su madre, pues apenas unas horas antes la había hecho enojar con su mala conducta.  

-¿Qué puedo hacer para que se te pase el enojo? -le preguntó.

-Nada, hija, no tienes que hacer nada.

-Pero yo quiero hacer algo-insistió la pequeña.

Como su madre no dijo más, la niña decidió prepararle un té de hierbas naturales, pues sabía que le gustaban y que siempre que se las tomaba, se relajaba. Un rato después, la pequeña llegó con un té, y la mamá se lo tomó.

-Amor-comentó la mamá, estaba muy rico. Colaste muy bien las hierbas, no sentí ni una sola en la boca.

-Gracias, mamá. Las iba a colar con el colador, pero como no lo encontré, usé el matamoscas, que funciona igual de bien. Al darse cuenta de la cara de horror que ponía su madre, la niña añadió:

-No te preocupes, mami, que no usé el matamoscas nuevo para que no se estropeara. Así más o menos le tienen que parecer a Dios nuestros esfuerzos por hacer cosas que nos ganen su favor. Sin embargo, la buena noticia es que a todos nos cubre con su gracia. Lo único que nosotros podemos hacer es tener fe en el Hijo. Más allá de eso, no hay esmero suficiente ni obra tan grande a nuestro alcance que haga alguna diferencia en su relación con el pecado y los pecadores.

«Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, particularmente los que apenas han comenzado a confiar en su gracia, tienen que guardarse en forma especial. El primero es el de fijarnos en nuestras propias obras, confiando en algo que podamos hacer para ponernos en armonía con Dios. Quien trate de llegar a ser santo mediante sus esfuerzos por guardar la ley, está intentando algo imposible. Todo lo que el ser humano pueda hacer sin Cristo está contaminado de egoísmo y pecado. Solo la gracia de Cristo, por medio de la fe, puede hacernos santos».*

¿Será que estamos usando el colador equivocado? ¿Será que estamos intentando algo imposible? Si nos estamos fijando demasiado en nuestras propias obras para que sean estas las que nos pongan en armonía con Dios, sí, definitivamente, estamos intentando lo imposible.

«Quien trate de llegar a ser santo mediante sus esfuerzos por guardar la ley, está intentando algo imposible». Elena G. de White.

Elena G. de White, El camino a Cristo (Doral, Florida: IADPA, 2005), cap. 7, pp. 89-90.

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