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Solo Es Posible En Cristo

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«En el nombre de nuestro Señor Jesucristo les ruego que todos estén siempre de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes. Vivan en armonía, pensando y sintiendo de la misma manera» (1 Cor. 1:10).

Un pastor llevó a sus feligreses a visitar un manicomio. El director del centro les dio un recorrido por el lugar y, finalmente, les dijo:

-Si tienen alguna pregunta, pueden hacerla.

-Doctor, ¿cuántos enfermos mentales tienen internos en esta institución? -preguntó uno.

-Quinientos cuarenta -respondió el director.

-¿Y de cuánto personal dispone para atender a quinientos cuarenta pacientes?

-siguió preguntando el visitante.

-Dispongo de veintitrés personas -informó el director.

-¡¿Veintitrés personas para atender a quinientas cuarenta?! ¿No le da miedo que esos quinientos cuarenta se unan, se pongan de acuerdo y les hagan daño o les creen un problema grave?

-¿Miedo? ¡¡¡Ninguno!!! Los «locos» no se pueden unir ni poner de acuerdo.* ¿Y los cuerdos? ¿Nos podemos unir y ponernos de acuerdo? Y los hombres y mujeres en pleno uso de nuestras facultades que nos sentamos cada semana en las bancas de una iglesia, ¿podemos lograr unirnos y ponernos de acuerdo? Sí, claro que podemos, pero solo si se da una condición: que el Espíritu Santo obre en las vidas de cada uno; que lo busquemos de tal manera que produzca en nosotros su fruto: «amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (Gál. 5: 22-23). Si abundaran en nuestros caracteres el amor, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la humildad y el dominio propio, no solo sería posible que nos pusiéramos de acuerdo en aquellos aspectos en los que vivimos peleados; sería una necesidad esencial.

Dice el apóstol Pablo: «Procuren mantener la unidad que proviene del Espíritu Santo, por medio de la paz que une a todos» (Efe. 4: 3). La verdadera unidad cristiana solo es posible en Cristo, si cada día, individualmente, lo buscamos y le pedimos que su Espíritu obre en nosotras y transforme nuestro carácter. Por naturaleza, somos egoístas, necesitamos más de la naturaleza de Dios en nosotras.

¿Te imaginas todo lo que podríamos lograr si estuviéramos unidas en Cristo? Porque «donde existe unidad, siempre existe victoria» (Publio Siro).

«Cuando las arañas se unen, pueden amarrar incluso a un león». Proverbio etíope.

* Roberto Herrera, Soy miembro de iglesia, ¿ahora qué hago? (Doral, Florida: IADPA, 2019), p. 122.

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