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Nada de malo, todo de bueno

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«Por su buen juicio es alabada una persona» (Prov. 12:8, BLP).

Se cuenta que cuando el brillante científico alemán Albert Einstein recibió el Premio Nobel de Física en 1921, un reportero le preguntó:

-Señor Einstein, ¿qué se siente al ser la persona más inteligente del mundo? -No lo sé, pregúntele a Nikola Tesla -fue la respuesta de Einstein.

Respuesta que me encanta, por dos razones. La primera razón es porque muestra la humildad en acción; y la segunda es porque nos enseña a ser generosas con nuestras palabras. Lamentablemente, en esto de ser generosas con nuestras palabras, todas solemos fallar.

Es interesante que nos sobran los adjetivos positivos cuando hablamos de nosotras mismas, pero somos parcas en palabras cuando se trata de elogiar a otras personas. La Biblia nos invita a hacer justamente lo contrario: «Deja que sean otros los que te alaben; no está bien que te alabes tú mismo» (Prov. 27: 2). Que sean otros los que hablen bien de ti; tú, habla bien de los otros.

Creo que la razón principal por la que a todas nos cuesta elogiar a los demás es porque sentimos que, al poner a otro en una luz favorable, nos ponemos a nosotras mismas en una desfavorable (como si valiéramos menos que el otro al que estamos elogiando). Pero esto no es así. De hecho, para hablar bien de otra persona hay que tener un alma grande, una mirada amable sobre el ser humano, un concepto claro del elevado valor tenemos para Dios, y un gran respeto por los dones que el Señor reparte a cada uno. Todo esto dice muy bien de una persona. La clave del elogio de calidad es entender, última instancia, es un halago al Creador, que nos ha hecho como somos; y al Espíritu Santo, que nos da los dones que tenemos.

Además de que hablar bien de otras personas (sin hipocresía, por supuesto; siempre creyendo que las palabras que expresamos son verdad sobre esa persona) habla bien de nosotras mismas, fíjate en los beneficios que tiene. Según la filósofa María Alejandra Morgado Cusati, el elogio sincero y oportuno «potencia el rendimiento, incrementa el estado de ánimo, fomenta la amabilidad, fortalece las relaciones interpersonales y nos ayuda a desarrollar las habilidades sociales».* Todos ellos beneficios muy interesantes, ¿no te parece?

Como ves, halagar las capacidades ajenas no tiene nada de malo; lo tiene todo de bueno. Y es el mayor placer para quien recibe el elogio.

No hay mayor placer que ser halagado por los sabios y los capaces.
Selma Lagerhoff.

«5 beneficios de los elogios», mejorconsalud.as.com, abril de 2022.

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