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Y Si Te Llaman - Tonta -, no pasa nada

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«Confiamos en que tenemos una buena conciencia, deseando conducirnos honradamente en todo» (Heb. 13:18, LBLA).

Un granjero estaba en el campo junto con uno de sus trabajadores, al pedido ayuda para salir a marcar sus reses. Concentrados en el trabajo, fueron a parar sin darse cuenta a donde comenzaban los terrenos de su vecino, también ganadero, y también dedicado a la venta de reses. El granjero sabía perfectamente bien que toda res que se encontrara en aquel terreno debía ser marcada con la identificación de su vecino, así que se disponía a regresar hacia su granja cuando su empleado se lanzó a marcar con el sello de ellos una res que acababa de encontrar en aquel terreno que no les pertenecía.

-¡¿Qué haces?! -le preguntó inmediatamente.

-No se preocupe, jefe, nadie se dará cuenta de que esta vaca no es suya -respondió el trabajador.

-Deja ese hierro y vete -le ordenó.

De vuelta a casa, el patrón iba pensando: «Un hombre que roba para mí, también me robará a mí». Y se sintió satisfecho con una vaca menos, pero con la honradez intacta. Por su parte, el empleado se fue a su casa pensando que su jefe era tonto.

Pero parecer tonto no es lo mismo que ser tonto. A los ojos de quien nos mira y nos juzga -cosa que no podemos evitar- nuestra imagen será positiva o negativa, digna de aplauso o de burla, en función de la manera de pensar de esa persona; pero hay cosas que no son visibles a los ojos, y esas son las esenciales. Así como cada mañana tengo que mirarme en el espejo de casa para asegurarme de que estoy bien por fuera, cada mañana tengo que mirarme en otro tipo de «espejo» para asegurarme de que todo está bien por dentro. Ese espejo es la Palabra de Dios.

«El que solamente oye el mensaje, y no lo practica, es como el hombre que se mira la cara en un espejo: se ve a sí mismo, pero en cuanto da la vuelta se olvida de cómo es. Pero el que no olvida lo que oye, sino que se fija atentamente en la ley perfecta de la libertad, y permanece firme, cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace» (Sant. 1: 23-24).

¿Quieres ser feliz en lo que haces? No olvides lo que eres: una mujer que necesita poner ante sí, cada mañana, los valores del evangelio, para encarnarlos en su vida. Y si te llaman «tonta», no pasa nada, porque esa noche dormirás con la conciencia tranquila.

"Toda persona honrada prefiere perder el aplauso antes que la conciencia". 
Michel de Montaigne.

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