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Sigue Intentándolo

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«Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Ped. 3:18, RV95).

Siendo adolescente, Demián Bucay, hijo del renombrado psicólogo argentino y Jorge que estaba pasando una etapa de rebeldía. Antes de iniciar la charla, alguien de la organización, cámara en mano, recorría la audiencia. Cuando se acercó a Demián, ignorando quién era su padre, le dijo: «¿Quieres hacerle alguna pregunta al doctor?».

«Sí -respondió Demián-, quiero preguntarle si aplica en su casa lo que enseña en sus libros».

Media hora después, se proyectaba el video. De pronto, Demián apareció en pantalla; desde su silla, sintió vergüenza y deseó no haber sido tan cruel. «Ese es mi hijo -interrumpió Bucay-. Para responder a tu pregunta, hijo, te diría que lo intento. A veces no lo consigo, pero lo intento».*

Errores; quien esté libre de cometerlos, tire la primera piedra. Errores como atacar a un padre en público; errores como predicar algo que, aunque tal vez lo intentamos, no siempre logramos poner en práctica; errores como «no hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer» (Rom. 7: 19). Pero, como reconocería años después, Demián Bucay: «¿Qué más se le puede pedir a una persona, que intentar ser fiel a lo que cree, aunque en ocasiones no lo consiga?».

Caminamos por la vida con distintos niveles de conocimiento; lo que sabemos hoy, no lo sabíamos ayer; y los errores que cometimos ayer, nos pesan en este instante. Así es el caminar cristiano: un continuo darse cuenta, que conduce a un despertar espiritual progresivo. En ese camino, el error o el pecado que acabas de cometer puede ser la clave para conocerte a ti misma, reconocer tu necesidad de Dios, arrepentirte y comenzar el proceso de conversión y transformación.

Equivocarnos es parte vital del aprendizaje y del crecimiento; nos permite ir dejándonos limar por el Espíritu Santo para asemejarnos cada vez más en carácter a Cristo. Eso es, claro está, si nos dejamos pulir por él.

Grandes errores los cometieron incluso héroes de la fe como Abraham, Jacob, Moisés, Rahab, Sansón o David..., y a pesar de ello forman parte de la galería de los héroes de la fe (Heb. 11). Porque la luz va en aumento, hasta el día en que Cristo regrese. No te desanimes; sigue intentándolo.

«Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese». El apóstol Pablo.

* Jorge Bucay, El camino de la espiritualidad (Barcelona: Penguin House, 2010), pp. 10-11

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