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Los beneficios de dar

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«Teniendo presente aquella máxima de Jesús, el Señor:"Más dicha trae el dar que el recibir"». Hechos 20: 35, BPH

En 1776, el teólogo alemán J. G. Körner acuñó una nueva palabra para referirse a las declaraciones atribuidas a Jesús que no se encuentran en los cuatro Evangelios. Dicha palabra fue agrapha. El mejor ejemplo de una agrapha es justo el versículo de hoy. Pablo señala que Jesús dijo que: «Más dicha trae el dar que el recibir». Los cristianos a menudo citamos esta declaración para motivar a la generosidad, pero ¿de verdad me trae más dicha dar que recibir? A simple vista la respuesta es «no». Después de todo, ¿a quién no le gusta recibir regalos? Sin embargo, las investigaciones en el campo de la psicología le dan la razón al Maestro.

Un estudio realizado por Jordan Grafman reveló que los centros de placer del cerebro muestran el mismo nivel de actividad cuando vemos a alguien donar dinero que cuando recibimos dinero nosotros mismos. De hecho, «dar dinero a otros aumenta la sensación de bienestar mucho más que cuando gastamos el dinero en nosotros mismos».* Elizabeth Dunn, de la Universidad de British Columbia, realizó un experimento en el que los participantes recibieron una suma de dinero. A la mitad se le dijo que gastara el dinero en ellos mismos; mientras que a la otra mitad se le dijo que gastara el dinero en otros. Al final del estudio, los participantes que gastaron el dinero en otros se sentían mucho más felices que los que usaron el dinero para su beneficio propio.  Otros estudios revelan que dar aumenta la felicidad independientemente de la edad, el país de procedencia o la situación económica del que da.

Sentimos placer y felicidad al dar porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (ver Génesis 1: 26), por eso que tenemos el potencial de ser tan generosos como Aquel que «abre generosamente su mano y sacia a todo ser viviente» (ver Salmos 145: 16, BPH). No importa cuánto dinero tengamos, sino lo que hagamos con él. Como bien dijo Russell James: «Al final, la ciencia del cerebro parece mostrarnos que dar dinero para beneficiar a otros es, después de todo, una cuestión de corazón».+

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