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Resulta sorprendente, a primera vista, que Jesús se atreva a decirles a sus discípulos, consiste en amarse unos a otros, puesto que este mandamiento de amor ya presidía el Antiguo Testamento (Lev. 19: 18) y Jesús mismo lo había destacado como la esencia de la ley (Mat. 22: 39), es decir, como el centro de la revelación divina.
Sin embargo, si Jesús lo consideraba nuevo, en algo debía residir su novedad.
Así lo han percibido los grandes estudiosos de la Biblia, que han expuesto diversos aspectos en los que ese precepto puede llamarse «nuevo». Para Agustín de Hipona, ese mandamiento es nuevo por la simple razón de que «nos renueva a nosotros». Para Lutero es nuevo «porque contiene todos los mandamientos». Según Calvino, es nuevo simplemente «porque Jesús lo ha renovado». Según De Wette, es nuevo «porque para el creyente es el principio de una vida nueva» y para Olshausen es nuevo «porque amar siempre aporta algo nuevo en nuestra vida».
Sin duda que todas estas interpretaciones tienen su parte de verdad. Pero, con todos mis respetos para sus autores, pienso que la mayor novedad del mandamiento de Jesús no hay que buscarla muy lejos, porque él mismo la expone en este versículo. La gran novedad reside en la propia esencia de ese amor, en el grado de su profundidad, ejemplificada en la vida del propio Jesús.
El amor que desea Jesús para nosotros es diferente a todo amor humano, por su profundidad, por su autenticidad y por el hecho portentoso de que Jesús mismo lo cumple en el corazón de sus discípulos, ayudándolos a amar como él nos ama. El propio amor de Cristo es la explicación de lo que este mandamiento tiene de nuevo. Y eso lo aclara el contexto de nuestro pasaje, «que os améis unos a otros como yo os he amado». Aquí tenemos el ejemplo vivo de lo que ese amor nuevo significa. Un amor que nadie parece haber conocido mejor que Juan el evangelista: nadie había amado como Jesús (Juan 15: 12, 17; 1 Juan 2: 7-8; 3: 11; 4: 20-21).
Un amor sin egoísmo, sin doblez, sin otras intenciones, realmente solidario, generoso, de entrega propia en busca del bien del otro.
Dame hoy, Señor, algo de ese amor para compartirlo con los que más me cuesta amar.