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Si te llevas con ella, no me llevo contigo

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«Envió mensajeros delante de él, y ellos se fueron y entraron en una aldea samaritana para prepararle todo, pero los de allí no lo recibieron porque se dieron cuenta de que su intención era ir a Jerusalén» (Lucas 9: 52-53, RVC).

Que los samaritanos y los judíos no se llevaran, estoy segura de que ya lo sabías. Pero, ¿sabías que una vez le negaron el paso a los discípulos de Jesús porque se enteraron de que después de ahí iría a Jerusalén? Pues lo hicieron. Cierto día, Paula y Lupita tuvieron un conflicto y dejaron de hablarse. Ellas tenían en común a Griselda como amiga. Ella, que no sabía nada de los problemas de sus amigas, siguió tratándolas de forma acostumbrada. En una ocasión, cuando se encontró con Paula, al momento de quererla saludar, se dio cuenta que ella la evadió. Intrigada, Griselda enfrentó a Paula para saber el motivo de su desplante. Sus motivos eran los mismos que los de los samaritanos. «Yo veo que te llevas bien con Lupita,      -dijo Paula-; y si te llevas con ella, no me llevo contigo». ¿Te suenan familiares los sucesos de los samaritanos y de Paula?

Desquitarse con otros por los problemas personales que tienes con alguien es una manera poco cristiana de darles una solución. He escuchado decir a las niñas durante un juego, «si te llevas con ella, no me llevo contigo». En ocasiones pensamos que los demás nos deben lealtad y, por lo tanto, no deben relacionarse con las personas que no nos agradan. No comprendemos que Dios nos hizo libres y ese libre albedrío incluye nuestras relaciones. No podemos asumir el control sobre nuestros amigos y prohibirles tener contacto con ciertas personas. Esto es muy egoísta.

Una verdadera amiga nunca va a condicionar tu amistad ni a chantajear la relación. Tenemos que ser maduras ante estas situaciones y no dejarnos llevar por los impulsos, como lo hicieron los discípulos que fueron rechazados por los samaritanos. Al sentirse ofendidos por una raza que consideraban inferior a ellos, inmediatamente quisieron hacer uso de su poder y propusieron que harían caer fuego del cielo para consumir a los samaritanos.

Cuando una persona se siente ofendida y lastimada, en ocasiones busca que su ofensor pague con creces el daño que le hizo. No obstante, es más sensato actuar con la bondad con la que Jesús actuó en esa situación. Querida amiga, si has estado envuelta en una situación similar, te invito a seguir el ejemplo de Jesús, nuestro máximo ejemplo en relaciones interpersonales.

#pdfelizconmisamigas

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