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Los niños dejan sus juegos y cantos por un momento. Es hora de estar en silencio y escuchar al Maestro. Algunos se sorprenden al ver que el esperado Maestro no llega con carruajes y tesoros.
Jesús no entra en Jerusalén montado en un elegante caballo, sino sobre un asno. La gente celebra la presencia del Maestro: aplauden, cantan y agitan hojas que cortaron de árboles. Es la entrada de El Salvador del mundo. Es un evento simple y hermoso.
Esa tarde, los niños de Jerusalén aprendieron valiosas lecciones de vida. Sobre todo, entendieron que la adoración verdadera y sencilla a Dios es muy valiosa.
Mi oración: Señor, quiero ser simple y tener en mí la alegría de la adoración verdadera.
Simplicidad: Algo que no es complicado. Puro, sencillo. Algo que nos encanta por su naturalidad.