Devocionales Matutinos

La Remota Montaña

Adolescentes · Del libro Pasaporte a la aventura

Versículo:

Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. 1Corintios 3:9, RV60.

Habíamos viajado durante varios días antes de llegar a Machu Picchu, ruinas antiguas construidas por los incas antes del siglo XV. Machu Picchu fue ocupado durante uno siglo, pero después fue abandonado repentinamente. Poco a poco se fue perdiendo el recuerdo de la ciudad, y fue cubierta por la selva durante casi cuatrocientos años, hasta que fue redescubierta en 1911. Desde entonces, el turismo a este lugar único ha crecido de manera ininterrumpida. Incluso después de llegar, para visitar las ruinas tienes que caminar largas distancias y subir muchos escalones y caminos traicioneros. Pero cuando llegas allí, te das cuenta de que es un lugar verdaderamente maravilloso. Por su importancia histórica, es una zona de exclusión aérea, lo que quiere decir que los aviones no pueden volar por encima de ella.

Luego del par de días necesarios para llegar allí, comienzas a apreciar cuán remoto y aislado está este lugar. Es fácil ver cuán complicado debe haber sido construir esta ciudad en un lugar de tan difícil acceso. También es fácil apreciar la precisión de los canteros que trabajaron allí. Los edificios no están construidos con ladrillos de barro. Fueron tallados a mano por canteros. En la mayoría de las ruinas antiguas es fácil ver cómo los constructores de antaño cortaban con precisión piedras rectangulares para construir sus edificios, pero las estructuras en Machu Picchu son diferentes. Recuerdo haber visto muchas rocas enormes que tenían más de diez caras, y cada piedra encaja perfectamente con la contigua. Cada roca fue esculpida de manera completamente diferente, pero cada uno hizo un trabajo de precisión.

Cuando pienso en lo difícil que fue construir lugares como Machu Picchu o las pirámides de Egipto, me siento agradecido al saber que nuestro gran Dios es el planificador y diseñador de todo. ¡Sus planes siempre son perfectos!

Devocionales del Viernes, 15 de noviembre de 2019 ›