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Versículo:«Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios». Mateo 5:8
¿Te gusta bañarte o hay que perseguirte para lograr que te bañes? ¿Ya sabes bañarte solito? Bañarse hoy es divertido, porque puedes llenar de agua la bañera, hacer espuma y jugar con tus juguetes en el agua. O si lo que te gusta es ducharte, puedes abrir la llave y quedarte debajo del chorro un rato. Pero en los tiempos bíblicos no era así. No había bañeras ni cuartos de baño en las casas. La higiene era muy diferente.
En los tiempos de la Biblia, bañarse era «pedir un poco de agua para que se laven los pies» (Génesis 18:4); o ir «a lavarte al estanque de Siloé» (Juan 9:7). Si querías bañarte de cuerpo entero tenías que ir al río, como estaba haciendo la hija del faraón cuando encontró al bebé Moisés, o como Eliseo le pidió a Naamán que hiciera.
Bañarse todos los días es necesario para evitar enfermedades. Pero no solo hay que tener limpio el cuerpo, también la mente y el corazón. Eso significa aprender a pensar bien y a rechazar los malos pensamientos. Eso se logra cuidando lo que vemos, lo que escuchamos y lo que leemos: Pídele a Dios que te ayude. «Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios» (Mateo 5: 8).
Desafío:Escribe diez beneficios de ser un niño limpio. Pega esa lista en el espejo de tu baño para recordarlo.