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Versículo:«La voz del Señor sacude las encinas y deja sin árboles los bosques. En su templo, todos le rinden honor». Salmo 29: 9
Es curioso que este árbol llamado «encina» aparezca tantas veces en la Biblia. La encina es un árbol precioso, que da buena sombra. Sus hojas son perennes, es decir, no se caen en invierno. En tiempos del Antiguo Testamento era un árbol muy valorado.
Cuando el rey Jeroboam «salió tras el profeta de Judá. Lo encontró sentado debajo de una encina, y le preguntó:"¿Eres tú el profeta que ha venido de Judá?”. “Yo soy", le respondió» (1 Reyes 13:14). Cuando «Josué hizo un pacto con el pueblo, y les dio leyes y decretos, los escribió en el libro de la ley de Dios. Después tomó una gran piedra y la puso debajo de la encina que estaba en el santuario del Señor (Josué 24:25-26). Cuando los familiares de Jacob «le entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían y los aretes que llevaban en las orejas, Jacob los enterró debajo de una encina que estaba cerca de Siquem» (Génesis 35: 4). El cabello de Absalón, hijo del rey David, cuando huía con su ejército, se quedó atrapado en una encina (2 Samuel 18:9-10).
El problema es que algunos pueblos antiguos adoraban a las encinas. La Biblia dice que solo podemos adorar a Dios. Nada de la naturaleza, ningún objeto ni ninguna persona puede recibir nuestra adoración. «La voz del Señor sacude las encinas y deja sin árboles los bosques. En su templo, todos le rinden honor» (Salmo 29:9).
Desafío:Dibuja un bosque con muchos árboles diferentes. Pega hojas o pasto para darle color. Escribe el versículo de hoy.