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Versículo:Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá, Juan 11: 25.
EN UNA COLINA POR ENCIMA del pueblito de Herrenhut hay un cementerio con más de 6000 tumbas, que señalan el lugar de descanso de los fieles moravos desde los días del conde Zinzendorf. Dedicaron sus vidas a servir a Dios y las simples lápidas grises donde están grabados sus nombres y fechas de nacimiento y fallecimiento, nos recuerdan la devoción de esos siervos de Dios. A un lado del camino leo únicamente nombres de mujeres; al otro lado, de hombres. No es un cementerio de guerra pero todos son héroes de la fe que reposan ahí.
Mi suegra, enterrada en Bad Aibling, también fue una heroína de la fe. Las simples lápidas blancas de ahí asemejan a un cementerio de guerra. En verdad, todas las personas que ahí descansan en paz libraron una heroica lucha de fe.
Cuando enterraron a mi madre junto a mi padre en un ventoso día de noviembre, lloramos porque sabíamos que ya no escucharíamos su alegre voz otra vez. Es una extraña sensación, que tu madre esté bajo fría tierra. Pero también nos aferramos a la promesa de que algún día se levantará de nuevo, junto con nuestro padre, cuando el Señor los llame en su segunda venida. Entonces ya no habrá lágrimas, dolor o sufrimiento, porque estaremos con Jesús.
He ido a varios funerales. Pero la muerte ha perdido su aguijón: «“¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde tu venenoso aguijón?” [...] Hemos de dar gracias a Dios, que por medio de nuestro Señor Jesucristo nos concede la victoria» (1 Corintios 15:55, 57). Por supuesto, aún es triste y doloroso perder a un ser querido, pero la Biblia no nos deja con la incertidumbre de lo que sucede al morir. Tal vez quieras volver a leer 1 Tesalonicenses 4: 14-18. ¡Son palabras en verdad alentadoras!
La muerte apenas nos acerca más a la victoria final. La luchase acabó. En Jesucristo la muerte ya no es una separación final, sino una despedida temporal. Tenemos la promesa divina de que quien crea en Jesús vivirá, aunque ahora muera.
Nuestro reto es vivir para asegurar nuestra participación en la batalla de la fe, en el bando de Cristo. Él es el triunfador y quien esté en su bando, no perderá. Es más fuerte que el infierno, la muerte y el diablo. Vive cada día con Jesús. ¡Nada tienes que temer!
Hannele Ottschofski