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Versículo:El don que Dios nos hace es la vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro, Romanos 6:23.
LA NAVIDAD se acercaba. Revisaba mi buzón ansiosamente todos los días. Adoro recibir mensajes de amigos y familiares en este intercambio anual de felicitaciones. Cartas y tarjetas usualmente contienen resúmenes de las bendiciones y retos del año pasado. Por supuesto, siempre hay deseos de que Dios nos bendiga en el curso del nuevo año. Un día, mientras regresaba de registrar el buzón, revisaba con ansias los sobres. Uno pequeño captó mi atención. Estaba dirigido a mí, bien, pero no tenía dirección del remitente ni estampilla. Una nota escrita a mano, que asumí era del servicio postal decía: «Franqueo insuficiente, 41 centavos».
Sonreí. En el apuro navideño alguien se acordó de mí, pero se le olvidó escribir la dirección del remitente, y más importante aún, se le olvidó la estampilla. Cuando abrí la carta para ver quien la había enviado, sonreí aún más. Sabía que Jennie tuvo un año ocupado que incluía un viaje misionero, un inesperado nuevo nieto, horas de trabajo extra y mucho más. Al principio estuve tentada a bromear con ella, pero conociendo a Jennie, se sentiría avergonzada, así que decidí solo pagar el franqueo. Considerando todo lo que Jennie tenía en su mente, me sentí honrada tan solo de que me recordase.
Al pensar en esta pequeña experiencia, mi mente llegó al significado y centro de la Navidad. El nacimiento de Jesús es sin duda más importante que la celebración de la temporada. Él nos envía saludos en forma de cartas durante todo el año mediante la Biblia, otras personas, circunstancias y la influencia de su Espíritu Santo. ¿Lo has notado? Nunca recibimos un «franqueo insuficiente» en ninguno de sus mensajes. Él pagó el precio hace mucho tiempo.
El 25 de diciembre, tan ampliamente celebrado como el día del nacimiento de Cristo, no es la fecha exacta, pero aun así cantamos villancicos tradicionales. Los niños se visten con las batas de sus padres para representar a los pastores y los reyes magos. Escribimos «Paz y buena voluntad» en las tarjetas que les enviamos a nuestros amigos. Celebramos su nacimiento y lo veneramos. En esta ocasión vamos a agradecerle por el regalo de la gracia salvadora que él ofrece en toda temporada y por una vida eterna. ¡Sin tener que pagar algo!
Beulah Fern Stevens