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Versículo:Levítico 4-6
Si alguien peca por negarse a declarar bajo juramento lo que vio o escuchó, sufrirá las consecuencias de su pecado (Levítico 5:1).
Estaba en la casa de un amigo cuando me enganchó con una de sus locas historias: "Dwain, déjame decirte que el lugar estaba abarrotado, la gente amontonada en el bar como sardinas. El lugar era tan pequeño que apenas podías moverte un centímetro. Pero aun así, nadie vio nada. Es ridículo".
Ese amigo es Paul, un viejo policía de Filadelfia que ha visto lo mejor y lo peor de la humanidad. En cierta ocasión, colaboró secretamente en un plan para atrapar a un importante pandillero, solo para terminar esposado y a punto de que lo arrojaran del techo de un edificio. Justo entonces, la sirena de una patrulla a la distancia espantó a los pandilleros, y dejaron a Paul allí esposado mientras la policía pasaba velozmente en dirección a la escena de otro crimen. Pero Dios Los usó para salvar la vida de Paul.
Hace poco, Paúl me contó de un tiroteo que le tocó investigar en un pequeño bar del vecindario. Hubo muchos testigos, pero ninguno habló.
Si los clientes de aquel bar esa noche hubieran vivido en el Israel antiguo, ¡habrían tenido un gran problema con Dios! El Señor pidió a Moisés que dijera al pueblo que si una persona no hablaba acerca de algo de lo que había sido testigo, cargaría con la responsabilidad de su siLencio. Si alguien cometía un crimen así, tenía que llevar una oveja o cabra al Señor como ofrenda en sacrificio por su pecado (¡pobres animales!)
Hoy vivimos en una sociedad en que el crimen parece dar buenos dividendos, especialmente a los criminales que intimidan a los vecinos y los obligan a callar. El mandamiento divino de testificar tenía la intención de enseñar a los israelitas el valor de cada uno, de cuidar su comunidad y ayudarlos a corregir los errores. Eso era parte de lo que significa ser santo, vivir una vida pura.
Lo creas o no, Dios requiere hoy la misma norma de cuidado para con nuestros vecinos y comunidades. Cuando tú y yo vemos que alguien hace algo malo, tenemos que pedir a Dios fuerza para hacer lo correcto: ¡Hablar!
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¿Cómo puede Dios hacer responsable a alguien por algo que hizo sin intención? ¿Qué debían hacer cuando descubrieran su error (Lev. 5:17-19)?
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Dwain Neilson
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018
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