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Versículo:No me olvides. Señor. Tú eres quien me ayuda y me liberta; ¡no te tardes. Dios mío! (Salmo 40: 17).
Un poco de lluvia y nieve no me impedirían visitar a mi familia aquella Navidad. Maryland había sido azotada por una tormenta invernal y había dejado a muchos viajeros varados en los aeropuertos y las carreteras; pero yo aún tenía opciones para llegar. A pesar de los retrasos y cancelaciones de vuelos, el que yo tomaría hacia Oklahoma aún estaba programado para despegar.
De camino al aeropuerto, mi esposo manejaba lentamente la camioneta por el carril rápido de la interestatal. Todo iba bien, muy bien, hasta que escuchamos un repentino sonido seco. Se había desinflado un neumático. Mi esposo no es persona de desanimarse fácilmente, así que aceptó el desafío como si fuera un juego. Pero el juego no resultó tan sencillo, porque el neumático simplemente se negaba a salir del eje. Después de probar todos los trucos que conocía (y buscar ayuda en Internet), llamamos a asistencia en carretera, pero nos advirtieron que demorarían un poco por el alto número de llamadas que.estaban recibiendo debido al mal tiempo.
Pasó una hora y no nos preocupamos. Aún podría llegar a tiempo al vuelo si cambiábamos rápidamente el neumático. Pasaron dos horas y seguimos riéndonos, porque sería una gran historia para contar. Pasaron tres horas, y comenzamos a tener frío y hambre. Luego de cuatro horas, llamamos de nuevo a asistencia en carretera, pero nos volvieron a decir que llegarían en cuanto pudieran. Después de cinco horas, ya era de noche y se acercaba otra tormenta. Los caminos estaban más llenos de nieve que nunca, y se advertía a los conductores que transitaran por las carreteras solo en casos de emergencia. Pasadas las seis horas ya no sabíamos qué hacer. Justo cuando estábamos perdiendo la esperanza, escuchamos una bocina detrás de nosotros. Alguien había conducido durante horas por caminos cubiertos de nieve para ayudarnos. Con abrigos, un martillo y muchas risas, comenzamos a solucionar el problema del neumático. La alegría y el alivio se apoderaron de nosotros.
En cada libro de la Biblia, cuando Dios llegó para ayudar a sus seguidores, ellos también se llenaron de alegría y alivio. Verdaderamente apreciamos la liberación cuando hemos estado esperándola con mucho anhelo. Si estás esperando que Dios aparezca para ayudarte, sigue orando y creyendo. Él vendrá, y cuando lo haga te sentirás rebosante de alegría y alivio.
Ponlo en práctica: Escribe los aspectos de tu vida en los que necesitas que Dios sea tu Libertador.
Ponlo en oración: Ora por la lista que creaste, pidiéndole a Dios que obre en esos aspectos.
DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2018
¿Y ENTONCES…?
Heather Quintana
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018
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