
El audio de este devocional no está disponible por ahora, pero puedes usar la voz de tu dispositivo para que te lo lea.
Opciones de lectura
Versículo:Por su llaga fuimos nosotros sanados (Isaías 53:5).
Dan se sorprendió al ver las heridas en el brazo de Miriam.
— ¿Qué te pasó? —jadeó.
Miriam bajó su manga por sobre las heridas, obviamente molesta porque Dan se había dado cuenta.
—Nada —murmuró ella.
– ¿Miriam? -Dan la miró de cerca.
—Yo misma me lo hice, ¿Okay? —ella comenzó a llorar—. No quiero que nadie lo sepa, por favor, Dan. Y deja de mirarme así. Tú no entiendes lo que es ser yo.
Dan no sabía qué decir. Sintió náuseas. Miriam se quedó mirando al vacío.
—A veces, me duele por dentro, es tan intenso que no puedo soportarlo, es por eso que me corto. Por favor, no me juzgues —Miriam volvió su rostro hacia Dan-. Mi padrastro es un enfermo del control. Ni siquiera quiero pensar en lo que hará si se entera. Probablemente, me meta en un hospital de salud mental o algo así.
Los pensamientos de Dan le daban vueltas por la cabeza, confundido, se preguntaba qué debía hacer.
Las personas que se lesionan a sí mismas están experimentando angustia emocional severa. Ellos necesitan sentirse amados, escuchados y aceptados, para poder hablar sobre lo que les causa tanto dolor. Ellos no deben ser criticados, abandonados o burlados sobre este asunto. Si conoces a alguien que se esté cortando, golpeando o autolastimando (flagelando), sé un amigo que escucha y aliéntalo a hablar de su dolor con alguien en quien confíe.
Lo más importante ora para que Dios intervenga. Él es el sanador de las heridas externas y las internas.
¿Y AHORA?
¿Qué textos bíblicos podrías usar para alentar a alguien que sufre de una profunda angustia emocional?
SPLASH
¡La esperanza es algo poderoso! De acuerdo con los investigadores Zubieta y Stohler, la esperanzan sigue el mismo camino químico en el cerebro que un analgésico (como el paracetamol), y puede reducir el dolor y mejorar la salud y el bienestar.