Devocionales Matutinos

El Insecto que da Besos

Adolescentes · Del libro INTENSAMENTE EJERCITA TU CEREBRO

Versículo:

Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil (Mateo 26: 41).

¿Sabías que un beso puede matarte? Por lo menos, el beso de una vinchuca puede hacerlo. Este insecto único se encuentra en el sur de los Estados Unidos, en América Central y del Sur. Le gusta juntarse con las ratas magueyeras, las comadrejas, los mapaches y los armadillos; y tiene un parásito que causa la enfermedad del Chagas, una variante de la enfermedad del sueño (o tripanosomiasis africana). La enfermedad puede matar a niños entre dos y cuatro semanas, al debilitar el sistema nervioso y el músculo cardíaco, lo que causa finalmente un paro cardíaco. Aproximadamente, cincuenta mil niños mueren cada año a causa de este insecto.

La vinchuca tiene un cuerpo aplanado y angosto, con alas con forma de X cuando las tiene dobladas sobre su abdomen. Su boca es una probóscide punzante (una boca que succiona como si fuera un tubo flexible). Utilizando su probóscide, el insecto extrae sangre de las partes de piel expuestas de su presa. En especial disfruta de los labios, los párpados o las orejas de una víctima mientras duerme. El "beso de las buenas noches" de este insecto es indoloro, pero puede durar entre ocho y quince minutos.

Satanás es como este insecto que da besos, la vinchuca. Quiere quitar el amor de Dios de nuestro corazón. Le gusta trabajar de "noche" y le gusta encontrar las partes más expuestas de nuestras vidas. Nos ataca, y trabaja intentando debilitar nuestra conexión con Jesús. ¿Le permitirás tener éxito o te mantendrás cerca de Jesús hoy?

¿Y AHORA?

¿De qué maneras te podría “picar” hoy Satanás? ¿Qué puedes hacer para escapar? ¿Qué implica velar y orar?

SPLASH

Las vinchucas adoran tu aliento. Se sienten atraídas por los olores que exhalamos. Generalmente, se alimentan al lado del cuerpo humano apoyando su probóscide en la piel. Pueden vivir de tres a seis meses antes de volver a comer.

Devocionales del Jueves, 9 de junio de 2016 ›