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Versículo:«La gente gritó y las trompetas sonaron. Al oír los israelitas el sonido de las trompetas, comenzaron a gritar a voz en cuello, y la muralla de la ciudad se vino abajo. Entonces avanzaron directamente contra la ciudad, y la tomaron» (Josué 6: 20).
Deben de haber parecido unos locos. Marchando alrededor de una ciudad fortificada como niños desfilando con sus juguetes, soplando pequeños cuernos de carnero. ¡Esa no es manera de luchar! Los habitantes de Jericó deben de haberlos mirado sacudiendo la cabeza de confusión. Exesclavos locos... Habían oído hablar de aquella gente, pero qué espectáculo tan decepcionante les parecía aquel. Hombres armados caminaban delante y detrás de los sacerdotes, pero nadie decía nada ni parecían una amenaza. Los sacerdotes caminaban con trompetas en lugar de espadas y cargaban sobre barras una caja de oro coronada con dos ángeles; «arca», la llamaban. Los habitantes de Jericó se habían asustado al saber que Israel había cruzado el Jordán en seco, ¿pero una marcha silenciosa del ejército? ¿Cómo podían los israelitas vencer a una ciudad grande y fortificada como Jericó? Pues lo hicieron.
Durante seis días, una vez al día, caminaron alrededor de Jericó, sus pies retumbaban en el suelo y las trompetas sonaban de vez en cuando. Pero en el séptimo día caminaron alrededor de la ciudad siete veces. Luego hubo un ensordecedor toque de trompetas, un rugido de voces y los altos y anchos muros se derrumbaron. Puedo imaginarme la conmoción y el terror de los habitantes de la ciudad. ¿Tuvieron tiempo para comprender cómo pasó? No lo sabemos. Lo que sabemos es que Israel seguía las indicaciones de Dios. Puede que parecieran necios, pero marchar alrededor de la ciudad y gritar resultó mucho mejor que una sangrienta batalla.
Admito que hacer las cosas como Dios dice a menudo parece una locura. Tenemos miedo de parecer tontos si hacemos exactamente lo que él nos dice, pero Dios sabe lo que está haciendo. La manera en la que nos pide que vivamos es mejor que la nuestra. Obedecer sus mandamientos nos conduce a una vida más fácil: a no ir a la cárcel por algún delito, a no engañar a tu pareja, a no airarte con tus padres, a descansar un día cada semana... Sencillamente, un mejor modo de vida. Si estás indeciso entre hacer las cosas a la manera de Dios o a la tuya, acuérdate de Jericó.
MH
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