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Versículo:«Ve a acostarte; y si el Señor te llama, respóndele: "Habla, que tu siervo escucha"» (1 Samuel 3: 9).
En una ocasión, confundía mi esposo con una mujer. Ocurrió la semana antes de que me pidiera matrimonio. Yo no tenía ni idea de que estaba haciendo planes en secreto, con mi familia, para volar hasta Arizona durante las vacaciones de primavera y sorprenderme allí con la petición de mano. Su vuelo se retrasó el día en que iba a pedirme en matrimonio, de manera que telefoneó a mi casa para informar a mi hermano (era él quien debía recogerlo en el aeropuerto). Para su sorpresa, fui yo quien contestó el teléfono. Inmediatamente se convirtió en una jovencita. Aquella «chica» preguntó si mi hermano se encontraba allí, se reía toda nerviosa y dijo que llamaría más tarde. Nunca me dijo su nombre. ¡Era Greg! Durante todo el tiempo que hablé con «ella», no llegué a reconocer su voz.
Una noche, mientras el pequeño Samuel dormía en el tabernáculo, oyó que alguien lo llamaba. Obviamente, Samuel no reconoció la voz de Dios. La Biblia dice que Samuel no conocía al Señor, puesto que la Palabra de Dios no le había sido revelada todavía. De manera que, cuando escuchó su nombre, saltó de la cama y corrió hacia donde estaba Elí para preguntarle qué quería. Elí le aseguró que no lo había llamado y lo envió de nuevo a la cama. Esto sucedió tres veces, pero a la tercera vez Elí se dio cuenta de que era Dios quien llamaba a su pequeño ayudante. El ayudó a Samuel a preparar su respuesta. En efecto, cuando Dios volvió a llamar a Samuel, con valor este contestó: «Habla, que tu siervo escucha» (1 Samuel 3: 10).
¿Reconocerías la voz de Dios si te llamara hoy? ¿Estás familiarizado con su voz? ¿Estás lo bastante cerca de Dios para saber cuándo te está llamando? Yo deseo ser la clase de persona que reconoce la voz de Dios en medio del ajetreo y las preocupaciones que hay en mi cabeza. Pero para reconocerla, necesito hacer lo que hizo Samuel; escuchar. Tengo que ser consciente de la presencia de Dios en mi vida.
Escucha hoy a Dios. Intenta discernir lo que quiere decirte entre todo el ruido que produce este mundo. Quédate en silencio para poder conocer su voz.
MH
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