Devocionales Matutinos

Harán Tu Vida Mejor

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tu y Dios

Versículo:

«Nombra un rey que nos gobierne, como es costumbre en todas las naciones» (1 Samuel 8: 5).

Tenía tantas ganas de manejar… Imagina que te pica algo y no puedes parar de rascarte, pues así me sentía yo. Había esperado tanto tiempo el momento en que por fin pudiera manejar… Sabía que la sensación de independencia sería increíble, un soplo de libertad. Sin embargo, cuando finalmente obtuve mi licencia y empecé a manejar a todas partes, aquella emoción comenzó a desvanecerse. Mis gastos empezaron a aumentar más rápido de lo que creía. El combustible era caro y me di cuenta de que estaba trabajando para pagar la gasolina que me llevaba al trabajo. Después llegó la primera de las muchas multas que me pusieron agentes de policía que insistían en que yo manejaba demasiado deprisa. ¡Y el seguro del auto! Aquel entusiasmo de tener el permiso de conducción desapareció por completo cuando experimenté el verdadero coste detener auto. La realidad no fue tan emocionante como el sueño.

Los israelitas tuvieron un problema similar. Vivían en la tierra prometida desde hacía años y, aunque contaban con los jueces y dirigentes que Dios había elegido para mantener la paz, querían lo que las naciones de alrededor tenían: un rey. A Samuel, el profeta y juez, le enojaba tal petición, pero la presentó a Dios para ver su respuesta. Dios dijo: «Atiende su petición; pero antes adviérteles seriamente de todos los privilegios que sobre ellos tendrá el rey que los gobierne» (1 Samuel 8: 9). Samuel les dijo que los impuestos aumentarían, que el rey se quedaría con sus mejores cosechas y sus mejores campos, y reclutaría a los hombres jóvenes para su ejército cuando hubiera guerra. Aquello que tanto deseaban resultó no ser tan bueno.

A veces, aquello que tanto hemos deseado termina siendo algo que, en realidad, no queríamos. Los mandamientos de Dios nos enseñan cómo debemos vivir y también nos muestran aquellas cosas que no debemos hacer; sin embargo, a veces sentimos que esas diez normas arruinan nuestra diversión, cuando casi siempre es lo contrario. Dios llama malas a las cosas malas porque realmente lo son. Sigue tu propio camino y al final, verás que las cosas no te van bien. La próxima vez que pienses que las normas de Dios te impiden divertirte, recuerda que no es así. Los mandamientos harán tu vida mejor.

GH

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Devocionales del Martes, 14 de marzo de 2017 ›