Devocionales Matutinos

Jessie y el Hijo de Jesé

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tu y Dios

Versículo:

«No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón » (1 Samuel 16: 7).

Jessie fue la única estudiante con la cual me equivoqué completamente. Después de muchos años trabajando con adolescentes, he desarrollado la capacidad de saber casi de manera inmediata qué clase de persona es alguien. Casi nunca me equivoco. Puedo reconocer a los chicos buenos, los malos, los tranquilos, los mentirosos, los líderes y los seguidores antes de que seden cuenta. A todos salvo a Jessie. Cuando la vi por primera vez, iba toda de negro. Llevaba medias negras de rejilla bajo una minifalda de apenas diez centímetros, y cadenas que colgaban sobre sus piernas. Tenía el cabello corto, en cresta y teñido de negro. Llevaba maquillaje negro y un extravagante sombrero de copa de color rosa. También llevaba una rata de goma gigante a la cual llamaba «Mr. Squeakers». Hablaba tan rápido, y lo que decía tenía tan poco sentido, que rápidamente supe que se drogada. La encasillé en el grupo de los «chicos malos» sin pensarlo dos veces. Por eso me sorprendí cuando resultó ser una de las chicas más amables, admirables y honradas de la residencia. Con el tiempo, descubrí que nunca había consumido drogas. No se dejaba influenciar por lo que era popular, sino que era ella misma y se mantenía firme en sus principios. Era tan sincera y confiable que terminé nombrándola mi asistente. Se encargaba de mis calificaciones y mis documentos, e incluso tenía la llave de mi oficina. Hoy sigue siendo una buena amiga. ¡Me alegro tanto de haberme equivocado con ella!

Samuel también se equivocó respecto al joven David. Cuando Dios le ordenó que fuera a casa de Jesé para ungir al futuro rey Samuel observó a los hijos mayores de Jesé, que eran fuertes y atractivos, y pensó que uno de ellos sería el elegido de Dios. Pero Dios le recordó que él no mira lo que miramos nosotros; Dios mira el corazón. Aunque en apariencia los hermanos mayores de David eran más aptos para gobernar una nación, Dios sabía que David tenía el corazón de un rey. Es fácil encasillar a alguien por su apariencia, pero desafíate a ir más allá. Puede que te estés perdiendo algunos buenos amigos. Intenta ver a las personas de la manera que Dios nos ve.

MH

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Devocionales del Jueves, 16 de marzo de 2017 ›