LA PRIMERA, SEGUNDA Y TERCERA GUERRA DE CHICAS
Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tu y Dios
«En el quinto año del reinado de Roboam, Sisac, rey de Egipto, fue y atacó a Jerusalén, apoderándose de los tesoros del templo del Señor y del palacio real. Todo lo saqueó, y se llevó también todos los escudos de oro que había hecho Salomón» (1 Reyes 14: 25-26).
¿Has oído hablar de las guerras de chicas? Nosotras las teníamos con tanta frecuencia que tuvimos que clasificarlas, igual que la Primera Guerra Mundial y la Segunda. Durante alguna excursión o al ver la iluminación del árbol de Navidad, o incluso durante el recreo, una de las chicas oía que alguien había hablado mal de ella y entonces reunía a sus amigas y lograba que su grupo estuviera tan enojado como lo estaban las primeras que habían hablado mal. A continuación, la chismosa reunía a su propia tropa y las tácticas de lucha femenina cobraban fuerza. A diferencia de los chicos, que por lo general solo se pegaban y seguían su camino, las chicas se destruían entre sí social y emocionalmente. Los chismes y mentiras se disparaban como misiles y bombas. Las notitas de papel volaban intrincadamente como balas. La furia y las palabras de odio se extendían como la pólvora. Mientras pasaba todo eso, nosotros, los chicos, sacábamos las palomitas para ver el espectáculo. Pronto descubrimos que ellas estaban tan inmersas en su batalla que no les importaba nada más. Así que empezamos a interceptar sus notas ya leérselas al resto de la clase, divirtiéndonos a expensas de las chicas.
Esto ilustra perfectamente la triste historia de cómo Israel se dividió en dos reinos distintos. Jeroboam se separó del palacio real de Salomón y fundó su propia nación, llevándose a diez tribus con él, dejando solo a Judá y a Benjamín en manos de Salomón y de sus hijos. Cuando Salomón falleció, su hijo Roboam tomó el poder y durante los siguientes quince años luchó contra Jeroboam en el Norte. Tan intensa y cruel fue su lucha que los reinos se hicieron vulnerables al ataque exterior. El faraón egipcio, Sisac, atacó Jerusalén y saqueó la ciudad y el distinguido templo que Salomón había construido. Ni Judá ni Israel estaban preparados para un ataque así. Al actuar de esa manera, ellos mismos habían dejado las puertas abiertas al enemigo real. Si estamos demasiado ocupados luchando entre nosotros, olvidaremos que el verdadero enemigo acecha. Satanás aprovechará toda oportunidad. No le des ninguna.
GH
Envía tus saludos a adolescentes@appdevocionmatutina.com