Devocionales Matutinos

La Discusión Más Tonta del Mundo

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tu y Dios

Versículo:

«Finalmente el Señor apartó de su presencia a Israel, como lo había anunciado por medio de todos los profetas, sus siervos, y así los de Israel fueron llevados cautivos a Asiria, donde están hasta el día de hoy» (2 Reyes 17: 23).

Llevábamos todo el día enojados el uno con el otro, cuando finalmente estallamos por culpa de un cuadro de doce dólares de la Torre Eiffel. Hacía más de tres semanas que estábamos viajando por Europa, y caminar con la mochila a la espalda sin apenas poder dormir ni ducharnos empezaba a pasarnos factura. Pero fue aquel estúpido cuadro la gota que colmó el vaso.

Estábamos en una tiendecita frente al Sena y Greg se fue a fijar precisamente en el cuadro más horroroso de la tienda. Discutimos, nos dijimos de todo, pero él se lo compró igualmente. Luego dijo que iba a devolverlo, pero yo no quise hablar más del asunto, así que me fui a la catedral de Notre-Damme. Pisoteando por los pasillos como una niña malcriada, no dejaba de pensar en la discusión que acabábamos de tener. Entonces llegó Greg, que también caminaba como un niño enojado. Así que allí estábamos, en París, y sin poder disfrutar de una de las catedrales más bonitas del mundo porque estábamos demasiado ocupados discutiendo por tonterías.

Al pueblo de Israel le pasó básicamente lo mismo. No estaban en París, por supuesto, pero tenían la oportunidad de vivir en la misma presencia de Dios. En lugar de disfrutar de ese privilegio, se dejaron distraer por los dioses paganos y las prácticas de las naciones vecinas. Acaz, el rey de Judá, hizo quemar a su hijo en sacrificio; Oseas, el último rey de Israel, construyó altares para el culto pagano y celebraba orgías sexuales en honor a los ídolos, como habían hecho otros reyes antes que él. Y nuestro fiel Dios siguió enviándoles profeta tras profeta, realizando milagro tras milagro, para que se volvieran a él. Los buscó, pero ellos lo rechazaron una y otra vez, hasta que Dios finalmente los apartó de su presencia. El rey de Asiria sitió Samaria durante tres años, la conquistó y se llevó cautivos a muchos de sus habitantes.

El pueblo elegido, que había tenido el privilegio de vivir en la presencia de Dios, se había distraído con cosas sin valor y causaron su propia ruina. Esta es una historia muy triste, pero no los juzgues. Analízate a ti mismo, porque tal vez tú también estás dejando de disfrutar de lo mejor de la vida -como la salvación y la oportunidad de caminar con Jesúspor estar demasiado ocupado con asuntos sin importancia. Hace poco leí una calcomanía que lo explica muy bien: «No te pierdas el cielo por nada del mundo».

MH

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Devocionales del Martes, 11 de abril de 2017 ›