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Versículo:«Gente arrogante y violenta se ha puesto en contra mía y quiere matarme. ¡No tienen presente a Dios!» (Salmo 54: 3). «A todas horas me hieren con palabras; solo piensan en hacerme daño» (Salmo 56: 5).
Una de las estadísticas más impresionantes de la Segunda Guerra Mundial es la de la cantidad de personas que intentaron matara Hitler. Informes alemanes desclasificados recientemente, junto con otras fuentes internacionales, arrojan el dato de cuarenta y dos intentos comprobados de asesinato, y se cree que han sido muchos más que no están documentados. Entre ellos estuvo un estudiante, cuyos tres intentos fueron tan patéticos que los guardias de Hitler los descubrieron inmediatamente, y lo enviaron a la guillotina. Sus tres misiones tipo James Bond 007, consistían en enviar a tres agentes secretos bien entrenados con veneno y ratas explosivas.
Otro de los intentos de asesinato de Hitler fue perpetrado por uno de los generales de su propio ejército. Utilizaron un maletín con una bomba, que explotó el 20 de julio de 1944 en el lugar donde Hitler se reunía con su equipo, hiriendo a ocho personas. Hitler no perdió la vida, a pesar de que estaba allí, porque la madera de la mesa a la que estaba sentado lo protegió. Creyendo que era invencible y que contaba con la protección divina por haber sobrevivido a tantos intentos de asesinato, Hitler se burlaba abiertamente de quienes intentaban matarlo. Pero tras ese intento que casi acabó con su vida, mandó ejecutar a los culpables y a todos los militares de su propio ejército de los que sospechaba que querían acabar con él.
En muchos de los Salmos, David habla de que sus enemigos lo han rodeado y desean su ruina y su muerte. Lo interesante es que David no responde mandando matar a sus enemigos, sino llevando sus temores a Dios y pidiéndole que lo proteja. No confía en protección humana alguna, sino en la protección divina. Es curioso que lo primero que nosotros queremos hacer cuando tenemos problemas es buscar las soluciones por nosotros mismos, cuando la mejor fuente a nuestra disposición para salir del atolladero es la oración. Así que toma ejemplo de David. Recuerda que cuando tengas enemigos o cuando las cosas no te vayan bien, tu mejor fuente de protección y de consuelo es Dios. Él ha prometido ayudarte y protegerte, así que llévale a él primero todas tus preocupaciones y todos tus temores.
GH
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