Devocionales Matutinos

Un Túnel en la Arena

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tú y Dios

Versículo:

«Si el Señor no me hubiera ayudado, yo estaría ya en el silencio de la muerte. Cuando alguna vez dije: "Mis pies resbalan”, tu amor, Señor, vino en mi ayuda» (Salmo 94: 17-18).

Estábamos de campamento con los Conquistadores en la playa y el plan para la tarde era cavar un túnel en las dunas. Justo cuando comenzamos nuestra obra maestra, mi padre puso esta regla absurda: «Tienen que dejar siempre los pies afuera, que se vean». Todo el mundo parecía molesto, porque, ¡vaya con la regla de mi padre! No se puede cavar muy hondo si los pies tienen que verse. Convencida de que la idea era aburrida y ridícula, me quedé mirando desde afuera, esperando mi turno.

Cuando finalmente me llegó el turno, me metí dentro del túnel lo más rápidamente que pude, pero las manos de mi padre me agarraron por los tobillos inmediatamente. Seguí haciendo la mayor fuerza posible para avanzar dentro del túnel, enojada porque mi padre me agarraba por los tobillos cuando, de pronto, ya no pude moverme más y todo se volvió negro. No podía respira, algo muy pesado me empujó contra el suelo: el túnel había colapsado y yo estaba enterrada viva bajo una montaña de arena. Durante un momento me sentí aterrorizada pensando que iba a morir, pero entonces sentí las manos de mi padre agarrándome con firmeza. Tiró fuertemente de mí dos veces y por fin fui libre. Tosiendo para recuperar el aliento y expulsar la arena, me dejé caer en los brazos de mi padre. Todo el mundo se abalanzó a nuestro alrededor, preguntándome si había tenido miedo a morir. Cada vez que mi padre cuenta esta historia, recuerda que yo dije: «Cuando sentí las manos de mi padre, dejé de tener miedo, porque sabía que me salvaría».

Me gustaría poder decirte por qué la vida a veces cava túneles alrededor de nosotros; me gustaría poder explicarte por qué a veces somos aplastados por cargas enormes de dolor y sufrimiento; pero no puedo. No sé por qué tienes que pasar por ciertas pruebas, pero sí sé una cosa: cuando todo se derrumbe a tu alrededor, una manos te sujetarán. Dios tirará de ti y te liberará, de un modo u otro. Esto lo dice el Salmo 94, donde el autor admite que sin la ayuda de Dios ya estaría muerto. Cuando sus pies resbalaron, el Señor acudió en su ayuda.

El amor de Dios todavía acude en tu ayuda y es lo suficientemente fuerte como para librarte de cualquier peso que pueda estar aplastándote.

MH

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Devocionales del Domingo, 28 de mayo de 2017 ›