UN FUEGO MUY EXTRAÑO

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tú y Dios

«Tu comida será una torta de cebada, cocida en fuego de estiércol humano, y la prepararás donde la gente te vea» (Ezequiel 4: 12).

¡Eso sí es ir demasiado lejos! ¿Cocinar sobre un fuego de estiércol humano? No me malinterpretes, yo he hecho fuegos muchas veces con basura, con viejos muebles, con cocos... Incluso hice uno con lápices en mi dormitorio, una noche, para tostar almendras (que por cierto estaban malísimas). Pero nunca se me ha ocurrido cocinar sobre excrementos humanos. Sinceramente, si esa fuera la única manera de cocina, creo que preferiría morirme de hambre.

Pero eso es exactamente lo que Dios le pidió a Ezequiel que hiciera. Mientras estaba tumbado sobre un lado de su cuerpo durante trescientos noventa días (recuerda la historia de ayer), Ezequiel tenía dos recipientes a su lado, uno con granos y otro con agua. Dios le dijo que con ellos cocinara una torta sobre un fuego de excrementos humanos para simbolizar al pueblo, porque cuando fueron exiliados entre las naciones paganas seguramente comieron comida contaminada. Incluso a Ezequiel le pareció que aquella petición de Dios era demasiado, y tuvo la osadía de discutir con él: «Pero, Señor, yo nunca en mi vida he tocado nada impuro» (Ezequiel 4: 14).

Como Ezequiel estaba tan alucinado, el Señor le permitió cocinar sobre estiércol de vaca en lugar de excrementos humanos. Esto muestra cuán importante era para Ezequiel, y para todo el pueblo en aquella época, no contaminarse. Y a nosotros, ¿nos importa contaminarnos? ¿Pensamos acerca de lo que introducimos en nuestro cuerpo y en nuestra mente? ¿En cómo los utilizamos y qué hacemos con ellos? A lo mejor no cocinamos sobre estiércol, pero consumimos de buena gana cosas que son igual de malas para nuestros cuerpos, o incluso peores.

Tómate hoy un tiempo para pensar en cómo tratas a tu cuerpo y en si necesitas hacer algunos cambios. Si es así, acude a Jesús para que te ayude. Pídele que ponga en ti rechazo hacia todo hábito negativo que te cuesta superar. El mismo Dios que oyó el disgusto de Ezequiel y le permitió hacer las cosas de otra manera, puede también buscar una forma mejor para ti.

MH

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