UN RENCOR QUE DURÓ MÁS DE MIL AÑOS
Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tú y Dios
«Lo mismo que hiciste con otros, se hará contigo: ¡recibirás tu merecido!» (Abdías 1: 15).
Desde sus casas en las montañas, se burlaban de la ciudad de Jerusalén que, a lo lejos, estaba siendo saqueada. Era como si desearan que sucediera, como si estuvieran contentos de que les fuera mal. Estos eran los descendientes de Esaú, que todavía recordaban que más de mil años antes su hermano Jacob le había robado su derecho a la primogenitura. Jacob era el antepasado de los habitantes de Jerusalén, que ahora estaban sufriendo. Los descendientes de Esaú les habían guardado rencor durante más de mil años, por eso cuando Jerusalén fue saqueada ellos se alegraron. Aprovecharon la oportunidad para jactarse y vanagloriarse, y después fueron a la ciudad y se apoderaron de las cosas de valor que aún habían quedado. Algunos incluso salieron a los caminos y entregaron a los supervivientes en manos del enemigo. ¡¡¡Eso sí es lo que se llama venganza!!! Pero Dios no mira con buenos ojos este tipo de comportamiento, este rencor, este odio acariciado durante años y años y años. Dios envió a Abdías para que avisara a los descendientes de Esaú de que ellos mismos serían pronto destruidos por causa de su conducta vergonzosa contra Jerusalén.
En este breve libro llamado Abdías, leemos qué piensa Dios de la gente que apropósito se aferra del odio y del deseo de venganza y actúa en función de ellos. La venganza es un juego que sale demasiado caro. Aferrarse al rencor hace más daño al rencoroso que a cualquier otra persona. Es como tomar una cuchilla de afeitar y pasarla sobre tu muñeca; tú eres el que acabará sangrando.
No sé qué es lo que te ha hecho daño o a qué rencor te aferras todavía, lo que sí sé es que, aunque tengas motivos para estar enojado o para guardar rencor, eso no te hace bien. Arroja una negatividad innecesaria sobre tu vida y endurece tu corazón para que no perdones. ¿Por qué no buscas mejor la paz de tu corazón? Aprende de los descendientes de Esaú y deja ir el rencor. Confía en que Dios se encargará de las personas que te han hecho daño y deja ir tu necesidad de venganza. Si esto te parece imposible de lograr inmediatamente, entonces comienza a pedirle a Jesús que te enseñe a superar el rencor. Él siempre está dispuesto a enseñarnos una de las cosas que más nos cuesta aprender: a perdonar.
MH
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