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Versículo:«Jesús miró al cielo y dijo: "Padre, la hora ha llegado: glorifica a tu Hijo, para que también él te glorifique a ti"» (Juan 17: 1).
Yo estaba en el pasillo mientras mi madre examinaba la sección de panadería con toda la calma del mundo. Aburrida, miré a mi izquierda y vi que estaba frente a una imponente torre de todos los tipos de pepinillos que te puedas imaginar. Mirando de reojo, vi a mi madre aún inmersa en la decisión de si llevarse pan blanco o integral, y eché mano a un bote. Escuché el «pop» de la tapa al abrirse y tomé un pepinillo del frasco. Hasta cierto punto, sabía que lo que estaba haciendo no estaba bien y cuando mordí el pepinillo, me sentí demasiado culpable para comérmelo. Así que lo metí de nuevo en el bote, lo cerré y volvía colocarlo en la estantería. Pero entonces me invadió otra vez un deseo incontenible de comerme un pepinillo, de manera que agarré otro bote y mordí uno. Después hice lo mismo con otro. Para cuando mamá decidió qué pan llevarse, yo iba por el séptimo bote. «¡¿Qué estás haciendo?!», me gritó mi mamá al quitármelo de las manos. Mientras tiraba con fuerza de mí hacia la caja, supe que aquel no era el momento de mencionar los otros seis botes. De hecho, no se lo conté hasta veinte años después. ¡En el mejor momento que pude elegir!
Siempre me siento conmovida cuando leo en los Evangelios cómo Jesús le dice a la gente: «La hora aún no ha llegado». Una vez se lo dijo a su madre cuando le pidió que obrara un milagro en la boda de Caná. En otra ocasión se lo dijo a sus hermanos cuando le sugirieron que mostrara sus obras ante la gente en el templo. Hay que ser muy listo para saber cuándo es el momento correcto, y Jesús era sumamente listo.
El otro lugar en el que encontramos a Jesús calculando el momento oportuno es en Getsemaní, cuando dice: «Padre, la hora ha llegado». Para Jesús, la hora de su acto final de sacrificio era vital. Supo cuándo había llegado el momento adecuado. Sus discípulos no habrían estado de acuerdo con la hora elegida por él, ya que sentían que debía sentarse en el trono y no entregarse en una Cruz. Pero los momentos elegidos por Jesús siempre son mejores que los que elegimos nosotros. Confía hoy en su manera de elegir los momentos en tu vida.
MH
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