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Versículo:«Ustedes saben muy bien que si se entregan como esclavos a un amo para obedecerlo, entonces son esclavos de ese amo a quien obedecen» (Romanos 6: 16).
Exceptuando unos conos de esos de las obras de la carretera, nunca he robado nada en mi vida, así que supongo que no soy quién para criticar. Pero una de las historias más ridículas de robos que he oído, es la de un hombre que robó un perro muerto. Una anciana acababa de perder a su perro y quería llevarlo al veterinario para incinerarlo, pero no podía subir al autobús con el perro en brazos. Tampoco tenía auto, así que decidió meter el cuerpo del perro en una maleta y abordar el autobús como un viajero más. Resulta que el perro pesaba tanto que la mujer apenas podía con la maleta. Un hombre aparentemente muy amable le ofreció ayuda, pero cuando agarró la maleta le preguntó: «¿¡Qué demonios lleva usted aquí, señora!?». Avergonzada de decirle que era un perro muerto, simplemente le dijo: «Piezas de computadora». El hombre arqueó las cejas y salió corriendo con la maleta. Nunca lo encontraron. Imagínate la sorpresa que se llevó cuando la abrió y las piezas de computadora resultaron ser un perro muerto.
No sé si esta historia es real, pero desde luego es gracioso pensar en ese hombre abriendo la maleta después del gran esfuerzo de haberla arrastrado hasta su casa. ¿Te lo imaginas cuando descubrió el perro muerto? Qué risa. A veces nosotros también creemos que nos estamos saliendo con la nuestra haciendo algo que nos gusta, pero que no es bueno, sin que nadie se entere. Al final, las consecuencias nunca son muy buenas. A veces creemos que nos ha tocado la lotería, sin embargo, lo único que nos ha tocado es un perro muerto.
Tal vez piensas que cierto pecado te dará felicidad, sin embargo, no es así. A menudo creemos que lo que realmente queremos es hacer lo que nos gusta, aunque tal vez es pecado, y después nos parecemos al hombre que va arrastrando su maleta. Al final casi siempre terminamos decepcionados. Creíamos que estábamos disfrutando de nuestra libertad, pero nunca es lo que esperábamos. El pecado nos atrapa y nos esclaviza hasta tal punto que no sabemos cómo escapar de él. No te dejes engañar por el pecado, no es una maleta llena de dinero. De hecho, no es para nada lo que aparenta. Al final terminarás decepcionado y arrastrando una gran carga en tu vida.
MH
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