Devocionales Matutinos

Dos Impetuosos y una Hermana Genial

Adolescentes · Del libro UN AÑO EN LA PALABRA

Versículo:

David le dijo entonces a Abigail. «¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro!» (1 Samuel 25: 32).

No estoy seguro de lo que me pasó una mañana de camino al trabajo. ¡Espera! Sí estoy seguro. Era una mujer en un pequeño auto gris (en este momento me sale humo de los oídos de solo pensar en ella). Yo me preparaba para cambiar de carril, respetando el tránsito, cuando ella se metió delante de mí. Pisé los frenos a fondo. «No me vio», pensé. Mi corazón casi se detuvo ante la proximidad del otro vehículo. Repetía en mi cabeza: «Todo está bien. Solo cálmate. Respira profundo». Pero no sirvió. Ella aceleró y se alejó de mí, cruzando entre los diferentes carriles. Cuando el tránsito en el carril de alta velocidad se alentó, ella se pasó al derecho, al de baja velocidad, para rebasar muchos automóviles.

Pero cuando el tránsito delante de ella aminoró su marcha, la susodicha se pasó a mi carril, cortándome nuevamente el paso. Otra vez casi chocamos. «Esa fue la gota que derramó.», pensé enojado, y decidí perseguirla como en la Fórmula 1. Me pasé a su carril y manejé velozmente, pegado a su coche durante muchas salidas de la autopista. (No puedo decirte las cosas que le grité desde mi auto.)

No fue uno de mis mejores momentos. Después de muchos «casi choques», villa señal de mi salida y avancé a través de los carriles de la autopista para salir apenas. Cuando llegué al trabajo estaba tan enojado que tuve que quedarme sentado en mi auto hasta calmarme. Luego tuve que pedir a Dios que me perdonara por mi actitud en la carretera ese día, y agradecerle por salvar mi vida. Una vez vi cómo dos agresivos conductores lunáticos mataron a un chico y lastimaron severamente a su hermano y hermana. ¡Por la gracia de Dios no hice semejante barbaridad!

En verdad, cuando nos enojamos podemos cometer grandes errores. En la lectura de hoy, David cometió un enorme error cuando decidió matar a Nabal y a los hombres de su casa. Nabal había insultado a David, pero la reacción de este fue exagerada. Dios usó a Abigail, una mujer tranquila, para salvar las vidas de Nabal y todos los hombres de su casa.

Si te enojas con facilidad, tómate una pastilla de «enfriamiento». Pídele a Dios que te ayude a calmarte.

NO DEJES DE LEER

1 Samuel 25-27

Es el cuento de nunca acabar. Saúl vuelve a las andadas: 1 Samuel 26.

Devocionales del Martes, 27 de marzo de 2018 ›