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Versículo:Desde que el pueblo comenzó a traer sus ofrendas al templo del Señor, hemos tenido suficiente comida y nos ha sobrado mucho, porque el Señor ha bendecido a su pueblo. En esos montones está lo que ha sobrado (2 Crónicas 31: 10).
El pasaje bíblico de hoy destaca la vida de uno de los más grandes líderes de la Biblia, el rey Ezequías. Fue hijo de Acaz, un rey que había quemado a algunos de los hermanos y hermanas de Ezequías en los altares de dioses extraños. Cuando Ezequías llegó a ser rey, hizo lo recto a los ojos de Dios, pues quitó los ídolos de Judá, reconstruyó el templo del Señor, y restauró la adoración al Dios verdadero, Ezequías fue un líder asombroso que le entregó todo a Dios.
Encontré algo muy interesante en el pasaje de hoy. ¿Te diste cuenta? Cuando se reavivó la adoración al Señor, no había suficientes sacerdotes para oficiar, en parte porque muchos de ellos habían participado en la adoración de ídolos. Pero las filas de los sacerdotes piadosos eran también escasas porque no tenían mucho apoyo del pueblo, ya que durante el gobierno de Acaz casi toda la gente había adorado a dioses paganos.
Dios había ordenado que los diezmos y las ofrendas llevadas a la casa del Señor fueran el sustento de sacerdotes y levitas (2 Crónicas 4-8). Pero en esa época el pueblo no aportaba dinero como nosotros hoy. Presentaba una décima parte de todo lo que producía: granos, ganado, etcétera. Así sostenían a los sacerdotes y levitas.
El rey Ezequías «ordenó que los habitantes de Jerusalén entregaran a los sacerdotes y a los levitas la parte que les correspondía». ¿Por qué? «Para que pudieran dedicarse a la ley del Señor» (2 Crónicas 31: 4). El pueblo obedeció. Llevó sus diezmos al Templo del Señor, en tal cantidad que los sacerdotes y levitas tuvieron más de lo que necesitaban. Juntaron los diezmos y ofrendas sobrantes en montones enormes.
Dios no quería que sus obreros se preocuparan por su siguiente comida. Quería que se concentraran en su liderazgo espiritual sobre Israel. Cuando tú y yo llevamos cada sábado nuestros diezmos y nuestras ofrendas, ayudamos a satisfacer las necesidades de quienes sirven a Dios como pastores, maestros y otras tareas de liderazgo espiritual. El acto de dar es esencial en la adoración.
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2 Crónicas 31-33
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