
El audio de este devocional no está disponible por ahora, pero puedes usar la voz de tu dispositivo para que te lo lea.
Opciones de lectura
Versículo:En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste (Salmos 22: 4).
En el 2005 tomé una gira turística en autobús por Manhattan, en Nueva York. Había estado en esa ciudad muchas veces; de compras, para ver algún espectáculo, y visitar la Zona Cero (donde estuvo el Centro Mundial de Comercio antes de su destrucción el 11 de septiembre de 2001). Por supuesto, nada en Nueva York me ha conmovido más que aquel sitio donde tantas personas perdieron sus vidas.
La gira en autobús fue genial porque aprendí algo de historia de Manhattan. Por ejemplo, ¿quién hubiera sabido que Wall Street tuvo alguna vez una enorme casa de subastas de esclavos? Yo definitivamente no sabía. Nuestro guía turístico nos dijo muchos datos curiosos como ese; pero el viaje se puso bastante interesante cuando nos internamos en el Upper East Side de Manhattan, el lugar al que los ricos y famosos llaman hogar.
Viejas y asombrosas mansiones llenan la Calle 70 de Manhattan con vista hacia Central Park. Los ricos y famosos construyeron sus mansiones de 20 o 30 habitaciones cerca de la naturaleza. Por supuesto, eran los únicos que podrían permitirse tal vista. Las mansiones eran propiedad de una lista de «quién es quién» en la élite de los ricos: los Rothschild, los Rockefeller, los Frick, los Carnegie, etcétera. (Una búsqueda en Internet te dirá un montón de cosas de esos apellidos.)
Las primeras élites de Manhattan construyeron casas que eran monumentos a su poder y estatus. (Hoy la mayoría de esas mansiones han sido convertidas en condominios y apartamentos muy caros, que pertenecen a diferentes «estrellas». ¿A esa gente se la recordará por algo más que haber tenido mansiones enormes? Lo dudo.)
Ya sea que lo sepamos o no, todos estamos en el proceso de dejar un legado, algo que podamos transmitir a la siguiente generación. Muchas personas dejan dinero o propiedades a sus hijos o nietos, pero ya sea que lo sepan o no, heredan mucho más que eso.
El rey David entendió el poder de un legado piadoso. Durante sus batallas, David recordó que sus ancestros confiaron en Dios, que los había liberado de la esclavitud egipcia, conducido por el desierto, y entregado la Tierra Prometida. David sacó fuerzas del legado de confianza que le habían pasado.
¿No tienes un legado piadoso en tu familia? Comienza a crear uno propio.
NO DEJES DE LEER
Salmos 21-25
Lee Salmos 25: 1-7. ¿Qué anhela David de Dios?