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Versículo:Nadie puede salvar a nadie, ni pagarle a Dios rescate por la vida. Tal rescate es muy costoso, ningún pago es suficiente (Salmos 49: 7, 8).
Leía el Salmo 49 cuando los versículo 7 al 9 me hicieron pensar en una entrevista que recientemente había escuchado. Era una entrevista al doctor Jawad, médico iraquí que había perdido a su esposa y a su hijo durante un violento ataque perpetrado por mercenarios armados.
Jawad estaba esperando a su esposa, Mahasin, y a su hijo mayor, Ahmed, estudiante de Medicina. Supuestamente pasarían a recogerlo del trabajo, pero nunca llegaron. Unos miembros de la empresa de seguridad privada Blackwater, con sede en los Estados Unidos, dispararon contra el auto que llevaba a Ahmed y a Mahasin Jawad, y los mataron. El FBI concluyó que el ataque no había tenido justificación.
Pocos días después, aún de luto por la pérdida de su esposa y su hijo, el doctor Jawad fue invitado a la Zona Verde, la fortificada base de operaciones del ejército estadounidense en Iraq para reunirse con oficiales del Departamento de Estado. No pudo ir a la reunión, pero más tarde, otras personas que también habían perdido a sus amados, y asistido a la base, le dijeron lo que había pasado.
Con ayuda de un intérprete, el doctor Jawad declaró: «Como siete u ocho personas fueron a esa reunión en la embajada. Me dijeron que les dieron 10 000 dólares a cada quien por sus pérdidas, por las vidas de sus familias. [...] Saberlo me dio asco».
A Jawad le repugnó la idea de que alguien ofreciera dinero para compensar la muerte de un ser amado. Ninguna cantidad de dinero le devolvería a su esposa y a su hijo. Los oficiales del Departamento de Estado lo sabían, pero ofrecieron dinero como para disculparse por aquel error grave. Sin embargo, el dinero es un sustituto miserable de una vida.
¡Los seres humanos son preciosos para Dios! Pedro lo captó mejor que nadie cuando escribió: «Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto» (1 Pedro 1: 18, 19).
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Salmos 46-50
¿A dónde vas cuando tienes miedo? Los hijos de Coré escribieron un himno alusivo a su lugar de refugio. Léelo en el Salmo 46, uno de los más grandiosos.