¡ES SU MUNDO!
Adolescentes · Del libro UN AÑO EN LA PALABRA
Ellos no saber nada, no entienden nada. Deambulan en la oscuridad; se entristecen todos los cimientos de la tierra (Salmos 82: 5).
Cuando escribía sobre los cambios en la distribución de la riqueza entre ricos y pobres en los Estados Unidos, David R. Francis (colaborador de un estupendo periódico internacional, el Christian Science Monitor), contó de un espectáculo que horrorizó a un visitante de la isla de Antigua: «Vio una consecuencia de estos cambios en los ingresos: una fila de yates de 25 metros, propiedad de estadounidenses, alineados en un muelle. Un marinero, de entre una docena de tripulantes de una nave, dijo que el dueño solamente subía a bordo unas dos semanas en el invierno y otra en el verano, cuando la embarcación estaba atracada en el sur de Francia». Ah, los juguetes con los que te diviertes cuando eres rico!
Este mensaje devocional va a sonar como un ataque contra los ricos, pero no lo es. No odio a los ricos; no es pecado tener riquezas. Sin embargo, lo que las personas eligen hacer con esas riquezas puede ser pecaminoso, como mandarse a hacer yates que rara vez van a usar. El costo de estos botecitos podría curar enfermedades en países pequeños. Por ejemplo, muchos niños de países pobres debido a que en el estómago tienen gusanos que les consumen el 20% de los nutrientes de la comida. De acuerdo a Planting Peace, una organización que trabaja para erradicar el hambre del mundo, mil dólares pueden ayudar a librar de gusanos al menos a 50 000 niños. Al saber esto, ¿crees que está bien gastar 40 millones en un yate? Júzgalo tú.
El 20% de los más ricos en Norteamérica poseen más del 80% de la riqueza. ¿Qué te parece? Una fracción de la población posee casi todo, y la mayoría de la gente no lo sabe. Eso quizá no te moleste, pero sí te afecta. Muchos de los extremadamente ricos pueden «comprar» políticos que aprueban leyes en su favor para aumentar sus riquezas. ¡Esas personas usan sus riquezas para corromper a quienes se supone que juzgan con justicia, y representan los mejores intereses de toda la gente!
Dios no está en contra de la riqueza o de las personas ricas. ¡Él es rico! Pero le desagradan mucho los que oprimen al pobre. En el Salmo 82, Dios anuncia una advertencia contra los que se sientan como jueces, que tienen el poder para proteger al pobre y al oprimido, pero en vez de hacerlo, se valen de sus cargos para proteger al malvado y al injusto. ¡Dios no toma la injusticia a la ligera!
NO DEJES DE LEER
Salmos 81-85
¿Qué tanto vale para ti un día con Dios? Salmos 84: 10.