¿NO LES DIJE?
Adolescentes · Del libro UN AÑO EN LA PALABRA
¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios (Miqueas 6: 8).
Fue mi profesor favorito de la universidad adventista Oakwood, en Alabama. Pero yo no era el único estudiante que disfrutaba sus clases. Todos los estudiantes querían estar allí. Recuerdo que el pasillo que daba a su aula siempre estaba lleno de sillas ocupadas. Cuando tenían descansos, los estudiantes de otras carreras preferían ir a escuchar desde fuera del aula lo que él enseñaba. El pastor E. E. Cleveland fue un docente como ninguno.
¿Por qué todos querían llevar su materia? Bueno, quien tuviera la suerte de estar en su clase tenía asegurada la calificación más alta. Eso era normalmente muy difícil de lograr, así que resultaba un regalo valiosísimo para aumentar el promedio. El pastor Cleveland enseñaba Fundamentos de la fe cristiana, y simplemente creía que no era difícil para la mente de un universitario comprender qué significa ser un buen cristiano. Así que nos enseñaba (más bien predicaba) y decía exactamente lo que preguntaría en el examen. Efectivamente, las preguntas eran palabra por palabra lo que él nos había dicho. La única manera de que alguien reprobara su clase era si no se presentaba.
De cierta manera, el profesor Cleveland se parecía mucho a Dios.
«¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!», escribió Miqueas. Tanto Israel como Judá sabían lo que Dios esperaba de ellos. ¿Qué era? Quería que a su pueblo lo identificaran tres importantes cualidades: Justicia, misericordia y humildad.
Todas las leyes que Dios dio a Israel cuando entró a la Tierra Prometida, el tiempo de prueba, podrían resumirse en esos tres principios. Debían ser justos al tomar posesión de alguna tierra. Ya fueran ricos o pobres, todos debían ser tratados con justicia. Cuando alguien cometiera un error, tenía que recibir misericordia hasta donde fuera posible. Finalmente, Dios quería que su pueblo fuera reconocido como humilde. Dios quería que su pueblo fuera como él.
Miqueas 6: 8 es una de las claves para entender este libro. En el último capítulo, el profeta describe a un Dios que juzga al culpable, perdona el pecado y ama a todo el mundo.
NO DEJES DE LEER
Miqueas 4-7
Hay una profecía en Miqueas que se cumplió cientos de años después. Léela en Miqueas 5: 2. Dios quería un mejor futuro para su pueblo.