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Versículo:Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios (Romanos 3: 23).
A nadie le cae bien las personas presumidas, chicos y chicas que presumen conocer a personas famosas, que alardean por el precio de unos jeans o de su automóvil. Nadie soporta a esta clase de personas (bueno, quizá sus madres las toleran).
A pesar de que hoy en día es querido en todos lados, el gran boxeador Muhammad Ali dijo en una oportunidad: «Si alguna vez sueñas con vencerme... más te vale despertar y disculparte». Ali se jactaba de su grandeza para prepararse antes de sus peleas; así obtenía una ventaja adicional. Sus oponentes generalmente se enojaban tanto que perdían la cabeza en el cuadrilátero, y así cometían errores que los llevaban finalmente a perder la pelea. Pero los alardes de Ali no siempre fueron útiles. Un rudo peleador de Filadelfia, Joe Frazier, apodado «Smokin'», derrotó a Ali la primera vez que pelearon. Así, el Señor Invencible resultó «vencido».
Los seres humanos siempre tratamos de aparentar más de lo que realmente somos. Aun cuando conocemos nuestra realidad, seguimos simulando. El libro de Romanos es una llamada de advertencia para todos nosotros, más allá de que tengamos o no un poquito de Ali.
Pablo escribió esta carta a un pequeño grupo de creyentes en Roma mientras ministraba en la ciudad de Corinto. Pablo había viajado a través de una gran parte de Asia y Grecia esparciendo el nuevo evangelio de Jesucristo (Hechos 15 y 19). Planeaba ir en dirección al oeste, rumbo a Italia, pero antes de partir quería enviar a la gente una carta que delineara la esencia de sus creencias, cuál era el significado de ser salvos (justificación) y ser santos (santificación).
Pablo comenzó su mensaje diciendo a los creyentes de Roma cuánto tiempo pasaría en esa ciudad. Después declaró: «No me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación» (Romanos 1: 16). Pero a medida que Pablo continuó, comenzó a aclararse el tema principal, que se encuentra en el versículo 23 del capítulo 3: «Todos hemos pecado y estamos privados de la gloria de Dios». Pablo procedió a explicar qué tan perdidos estamos los humanos y, hay que decirlo, su visión no es muy alentadora.
Pablo quería que los creyentes de ese entonces y los actuales, supiéramos que solamente hay algo de lo que podemos alardear: La salvación en Jesús. Sin él estamos liquidados.
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