Devocionales Matutinos

Un Milagro en el Centro Rojo

Adolescentes · Del libro Pasaporte a la aventura

Versículo:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8, 9, RV60.

El viaje por el Desierto Rojo australiano nos llevó dos días completos. Durante la primera parte del largo trayecto, descubrimos que casi no había pueblos en el camino. Manejamos cientos y cientos de kilómetros sin ver nada, excepto la ocasional área de servicios. Las áreas de servicio son el único lugar en que puedes parar en este largo trayecto, y son como áreas de descanso con una gasolinera, un restaurante y un hotel con algunas habitaciones.

Durante uno de los tramos de la autopista, cometimos el error de no parar a cargar combustible en la última área de servicio, y se nos estaba acabando la gasolina. La siguiente parada estaba bastante más adelante, y nos estábamos poniendo nerviosos al pensar que no llegaríamos con el combustible que teníamos. Oramos para llegar a la siguiente estación de servicios, pues quedar varados en medio del desierto no sería nada divertido. Estábamos completamente aislados, y este no era un buen lugar para quedarse sin combustible. La aguja señalaba que el tanque estaba casi vacío, y nosotros seguimos adelante; no teníamos otra opción. Pronto descubrimos que había un área de servicio más adelante, pero faltaban casi 100 kilómetros (60 millas) para llegar. La luz de advertencia de poco combustible ya se había prendido, y estábamos muy preocupados por nuestra situación. Nuevamente oramos para que Dios realizara un milagro con nuestro automóvil. Mi esposa y yo sabíamos que cuando se prendía la luz, generalmente quedaba combustible para unos 30 o 40 kilómetros (20-25 millas). La aguja señaló que el tanque estaba vacío, ¡pero el automóvil avanzó los 100 kilómetros!

Sé que Dios sigue haciendo milagros, y nuestro versículo de hoy nos recuerda que lo hace para que sepamos que no tiene sentido alardear de las cosas que podemos hacer. Dios nos demuestra una y otra vez que adoramos a un Ser Todopoderoso.

Devocionales del Domingo, 24 de noviembre de 2019 ›