Devocionales Matutinos

Una Aventura Desafiante

Adolescentes · Del libro Pasaporte a la aventura

Versículo:

He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí? Jeremías 32:27, RV60.

Hace unos años participé en un viaje misionero a Venezuela con el objetivo de construir un comedor en el plantel de una pequeña escuela en una región remota del país. El día que llegamos a Caracas era el día de las elecciones; se acababa de elegir un nuevo presidente: Hugo Chávez. Los vuelos se demoraron, y tuvimos que explicar por qué llevábamos cientos de Biblias para regalar. Hablé con los agentes de aduana en el aeropuerto y les conté por qué estábamos trayendo tantas Biblias al país, esperando convencerlos de que no nos cobraran por ello. Agradecimos mucho a Dios cuando nos dejaron pasar sin cobrarnos nada.

Luego tomamos otro vuelo a Ciudad Bolívar, en lo profundo de la selva. La ciudad yace a la orilla de un río enorme llamado Orinoco, donde el río se angosta a “solamente” un kilómetro y medio [1 milla] de ancho. Durante la temporada de lluvias puede aumentar ¡hasta 22 kilómetros (14 millas) de ancho! La localidad en la que trabajaríamos era muy rústica. No había electricidad ni agua corriente. Una vez al día, por las noches, y durante una hora más o menos, los lugareños prendían un generador para que todos tuvieran la oportunidad de hacer algunas cosas “eléctricas”. Si no te querías bañar en el río, durante esa hora podías hacer funcionar una bomba de agua y ducharte con agua fría. Yo elegí la ducha fría, ya que me dijeron que en el río había pirañas.

Llegar hasta allí no fue fácil, y estar allí no fue fácil, pero estábamos muy felices de poder trabajar para esas personas amables, que estaban tan entusiasmadas de que hubiéramos ido a ayudarlas.

Aunque todos tenemos obstáculos que vencer, me consuela saber que no hay nada que Dios no pueda hacer. ¡Nada es imposible para él! Si te relacionas con Dios, no importa dónde estés o lo que estés haciendo, él te dará la fuerza para hacer cosas maravillosas si se lo permites.

Devocionales del Lunes, 2 de diciembre de 2019 ›