Devocionales Matutinos

“La Suerte Quizá no Me Acompañe; pero Sé que Dios Sí”.

Adolescentes · Del libro Para y piensa 365 citas inspiradoras de gente famosa y no tan famosa

Versículo:

"Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras" (Santiago. 1:17).

DAFFY CATALÁN

Yo nací con suerte. Al menos eso es lo que mi abuelo siempre me decía. Y parece que tenía razón. Me refiero a que, cada vez que metía el dedo en el espacio donde queda el cambio en monedas en las máquinas expendedoras, sentía algo delgado y frío. Una moneda. Corría hasta el abuelo y le mostraba; él sonreía. Después de todo, él me había enseñado a revisar esos lugares.

También estaban todos los amigos que hacía cada vez que íbamos a la playa. El abuelo construía castillos elaborados, con nuestros materiales del picnic: torres de vasos de plástico, banderas de sorbetes y servilletas, y puentes de palitos de helado. Los niños se reunían, y yo tenía un montón de amigos con quienes jugar toda la tarde.

Y también está ese verano, cuando yo tenía 17 años. Acababa de romper con mi novio y fui a visitar a mi abuelo. Generalmente me encantaba estar en su casa, cerca del océano, pero esta vez me sentía bastante deprimida.

El abuelo y yo estábamos caminando por la playa un día, cuando alguien grito: "¡Hola, Lori!" Levanté la vista. Dos guardavidas me estaban sonriendo y saludando desde su torre. Entonces, vi que uno le hacía un gesto al abuelo, levantando su pulgar.

-Abuelo, ¿cómo saben mi nombre? -pregunté con sospecha.

El abuelo se encogió de hombros.

-¿No tendrás algo que ver con eso? -intenté nuevamente.

Otra vez se encogió de hombros.

Y entonces comencé a unir los puntos de todos los años de "suerte" juntos, y me di cuenta de que el abuelo había estado detrás de todo. Escondiendo monedas en las máquinas expendedoras. Creando actividades divertidas que atraerían amigos para mí. Diciéndoles a los guardavidas que su nieta necesitaba un saludo cordial.

El abuelo planeaba sorpresas especiales; así como hace Dios. Cada día, Dios pone cosas en nuestro camino para hacernos sentir felices y amados. Quizás un hermoso atardecer. Una charla abierta y franca con un padre. Risas con un amigo. Un texto bíblico que da aliento. Él se ocupa en darnos una vida mejor, y cada cosa buena que descubrimos viene de él.

Sí; el abuelo tenía razón. Nací con "suerte". Así como todos. Lori

Marzo 30

Devocionales del Lunes, 30 de marzo de 2020 ›