
El audio de este devocional no está disponible por ahora, pero puedes usar la voz de tu dispositivo para que te lo lea.
Opciones de lectura
Versículo:«BUSQUEN LAS COSAS DE ARRIBA» (COLOSENSES 3:1, NVI).
La ciudad de Jericó se hizo famosa por sus muros casi impenetrables. Babilonia fue admirada por sus deslumbrantes jardines colgantes, que dejaban sin aliento. Roma ardió en llamas provocadas por su habitante más importante: el emperador Nerón. Y la capital griega, Atenas, quedó inmortalizada en la historia por su famosísima Acrópolis.
En el idioma griego, acrópolis significa «ciudad en lo alto». En lugar de construir muros impenetrables, los griegos decidieron usar las rocas y grandes piedras como protección para sus edificaciones más importantes. Y es allí, en Atenas, donde, al caer la tarde, se ilumina la cima de la Acrópolis con una de las construcciones antiguas más respetadas del planeta hasta el día de hoy: el Partenón.
Fue construido sobre una colina rocosa, alta como un edificio de 35 pisos. Sus majestuosas columnas de mármol siguen asombrando al mundo desde 450 años antes del nacimiento de Jesús. Ha pasado tanto tiempo, y su conservación es tan impresionante, que este templo es considerado uno de los monumentos culturales más importantes de la humanidad. Estar allí, sintiendo el viento que silba entre sus 46 columnas exteriores, es como retroceder milenios en una máquina del tiempo.
En el pasado, el Partenón fue construido para honrar a Atenea, una supuesta diosa inventada por los griegos. Hoy, es el símbolo de la democracia y la cultura de Grecia. Antes estaba decorado con marfil y oro; ahora, es solo un conjunto de ruinas que evocan glorias pasadas. Después de todo, hubo una época en que los griegos dominaron el mundo, justo después de los medos y los persas. Pero ¿recuerdas la profecía de Daniel y la estatua de Nabucodonosor? Los griegos estaban representados por el vientre los muslos de bronce, pero luego vendrían los romanos, simbolizados por las piernas de hierro. Y ocurrió de esa manera. Las profecías bíblicas revelan el control de Dios sobre la historia. Los seres humanos pueden construir ciudades elevadas como la Acrópolis, pero ninguna de ellas se compara con la ciudad celestial. La Biblia nos dice que la Nueva Jerusalén descenderá del cielo con una belleza indescriptible. Por eso, vivir pensando en las cosas de arriba es una excelente decisión para hoy.
No te dejes engañar por los poderes de este mundo. Cree en el único Dios capaz de llevarte a una altura donde nadie podrá amenazarte. Sigue adelante obedeciendo al Señor y asegura tu mansión en la «Acrópolis del universo». ¡Nos encontraremos allí!