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Versículo:«DIOS BENDICE A LOS QUE SON PERSEGUIDOS POR HACER LO CORRECTO» (MATEO 5:10).
La frase temerosa se hizo célebre. Quien la dijo creía ser más grande que Dios. Pero sobre quien fue dicha, se reveló una verdad mayor que la vida misma. Siglos después, estas palabras aún reflejan el poder de la religión para convertir a los anónimos en mártires de la fe. Por eso, él exclamó: «¡No entiendo a este pueblo! La sangre de los cristianos parece semilla: cuanto más se derrama en la tierra, más convertidos surgen por todas partes».
Esta declaración de derrota fue pronunciada en el siglo III por un hombre engañado que se creía dueño del mundo. El emperador Diocleciano fue el peor perseguidor de los cristianos en la época de la Iglesia primitiva. Bajo su mando, incontables inocentes fueron devorados por bestias hambrientas en las arenas romanas. Un espectáculo de horror exhibía al público cuerpos quemados en las plazas y padres e hijos asesinados por leones. La intención de este perverso emperador era exterminar todo recuerdo de Jesús, cuya sombra oscurecía su estúpida ambición de ser el centro del universo. Reinó como un loco solo para terminar presenciando la mayor verdad: puedes acailar con la muerte los latidos de un corazón, pero jamás silenciarás el grito del ejemplo de una vida transformada por Cristo.
Al viajar a Split, una ciudad costera de Croacia, podemos confirmar lo que sucedió después. Ruinas silenciosas revelan el fin de la ilusoria eternidad de este hombre ambicioso. Luego de construir una fortaleza para retirarse, Diocleciano siguió el mismo camino que los miles de cristianos a quienes obligó a recorrerlo antes de tiempo: la muerte. Hoy, allí puedes encontrar un punto turístico de una antigua construcción, perteneciente a alguien que vivió, gobernó, mató y partió sin dejar deudos. Los turistas la fotografían por su valor histórico, nunca para endiosar a un loco que sacrificó a tantos inocentes. ¿Y el cristianismo que él intentó extinguir? Creció hasta convertirse en la mayor religión del mundo.
Permite que Dios reine en tu vida. Muchos murieron por vivir esta alegría. Es mejor ser perseguido por su causa que atreverse a perseguirlo a él Después de todo, estar con él es la única garantía divina de eternidad. Sin Cristo, todo pasa y deja solo piedras y ruinas. Pero con Jesús, la semilla de la salvación brotará de manera inquebrantable y te coronará con la verdadera felicidad. Esto será mucho más grande que cualquier trono pasajero 'de este mundo. Y este imperio salvador será tuyo por todos los siglos.
¡Aprovecha la oportunidad!