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Versículo:"LAS PUERTAS NUNCA SE CERRARÁN» (APOCALIPSIS 21:25).
Parece una enorme colección de maderas antiguas preservadas. Su tamaño majestuoso refleja el propósito imperial original. Por siglos, cualquiera que invadiera el lugar sin la debida autorización podía ser eliminado rápidamente. Por eso, hasta el día de hoy, se la conoce como la «Ciudad Prohibida».
¿Viajamos a China? Acompáñame a su capital milenaria, Pekín. Allí, en el corazón de la ciudad, existe una inmensa área amurallada que parece no tener fin, protegida por un enorme foso. En ese lugar estaba el Palacio Imperial Chino, sede gubernamental del reino más poblado del mundo. Todavía hoy se considera como la mayor estructura palaciega que existe.
Sus sólidas murallas protegen 980 edificios que albergan más de 8.700 habitaciones. Es interesante notar que los muros tienen ocho metros de altura y casi nueve de ancho, lo que los hace increíblemente gruesos. Sus portales dan acceso a palacios antiquísimos en su interior y, por fuera, a la importante plaza de la Puerta de la Paz celestial.
También son curiosos los nombres de algunos de los principales edificios de la Ciudad Prohibida: el Palacio de la Pureza celestial, el Palacio de la Longevidad Tranquila y el Salón de la Suprema Armonía. ¡Parecen castillos enigmáticos sacados de un cuento encantado!
Hoy en día, se permiten visitar algunas secciones de la Ciudad Prohibida, pero muchos misterios aún permanecen ocultos tras esas murallas. Cuando estuve allí, confieso que me dio escalofríos. Que nadie se atreva a desobedecer una orden del poder chino. Su régimen dictatorial es implacable con cualquiera que se atreva a desafiarlo.
Viajemos ahora con la imaginación a otra «ciudad imperial». Sin embargo, lejos de ser prohibida, muy pronto los enormes portales de esta ciudad se abrirán de par en par para toda la humanidad. La Nueva Jerusalén será la Sede Oficial Universal del plan de redención. Cuando el pecado sea finalmente erradicado, los salvados vivirán con Dios en un lugar increíble, bellísimo y maravilloso a los ojos de todas las galaxias. Sus calles de oro, portales de perla y mar de cristal serán algo inédito frente a los ojos del cosmos. Sin mencionar el árbol de la vida, que aparecerá nuevamente para que todos los hijos del Señor puedan disfrutarlo.
Valdrá la pena cualquier esfuerzo por ser ciudadanos oficiales de esta ciudad, ¿verdad? Vive este día como si ya estuviéramos a punto de llegar. Con Cristo, la entrada está garantizada.