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Versículo:“Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre” (1 Reyes 12:7).
Después de las grandes conquistas de David y de Salomón, Israel vivió una de sus mayores crisis de liderazgo. Sin un líder consagrado, el reino comenzó a desintegrarse.
El pueblo estaba cansado de los pesados impuestos establecidos por Salomón, y aprovechó la llegada del nuevo rey para realizar cambios. Roboam estaba en Siquem para ser coronado cuando un grupo lo buscó para presentarle estas reivindicaciones. Eran liderados por Jeroboam, quien había regresado rápidamente del exilio.
El nuevo rey escuchó, actuó con prudencia y pidió tres días para pensar. Mientras tanto, buscó el consejo de dos grupos: los ancianos, que habían aconsejado a su padre, y los jóvenes, que habían crecido con él.
El consejo de los ancianos estuvo basado en la prudencia que habían adquirido con la vida y en la sabiduría que aprendieron de las equivocaciones y los aciertos de Salomón. Por eso le recomendaron a Roboam: “Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre” (1 Rey. 12:7). Por su parte, los amigos de Roboam, que nunca habían enfrentado las dificultades de la vida, pensaron solo en mantener el poder y los privilegios del reino. Le sugirieron que le respondiera al pueblo: “Mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones” (1 Rey. 12:11).
Roboam fue inteligente al escuchar diferentes consejos, pero se equivocó en no buscar la sabiduría divina para realizar la elección correcta. Siguió la sugerencia de sus amigos, y el reino terminó dividido. Diez tribus de Israel rechazaron su liderazgo y se separaron. Apenas dos permanecieron con el descendiente de David. En 17 años de reinado, él terminó con lo que David y Salomón habían construido.
Si hubiera seguido el consejo de los ancianos, él habría entendido que cuando alguien actúa como siervo, todos se transforman en sus siervos; cuando alguien ayuda, todos lo ayudan; cuando ama, todos lo aman. En otras palabras, siempre recogeremos lo que plantamos. Por eso, los ancianos recomendaron que él actuara con humildad y sensibilidad. Si Roboam hubiera escuchado ese sabio consejo, el pueblo habría estado de su lado por gratitud y no por imposición.
Al tomar decisiones en el día de hoy, busca siempre buenos consejos y, antes de “bajar el martillo”, recurre a la infinita sabiduría divina. Eso es siempre lo mejor que podemos hacer.