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Versículo:«Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es». 1 Juan 3: 2
AQUELLOS QUE AMAN A DIOS tendrán un conocimiento inteligente de él. La imagen de Dios resplandecerá de los rostros de sus siervos, y serán abiertamente reconocidos como hijos e hijas de Dios. Cuando estaban en el mundo, ellos no pretendían ser los dueños de sí mismos, y Dios puso en ellos su sello de que él era su dueño. El cielo será para aquellos que lo desean con todo fervor; que se esfuerzan proporcionalmente al valor del objetivo que buscan. Los pensamientos de los que obtendrán el cielo están centrado en lo celestial; pero los que se mantienen ocupados con las emociones y los placeres de este mundo, no pueden sentir verdadero amor por Dios ni por el cielo.— Review and Herald, 13 de mayo de 1890.
A aquellos a quienes rescató con su sangre, Cristo los presenta al Padre «llenos de alegría ante su gloriosa presencia» (Jud. 24, DHH), diciendo: «Aquí me tienen, con los hijos que el Señor me ha dado» (Isa. 8: 18, NVI). «A los que me diste, yo los guardé» (Juan 17: 12). ¡Oh maravillas del amor redentor! ¡Qué dicha aquella cuando el Padre eterno, al ver a los redimidos verá su imagen, ya desterrada la discordia del pecado y sus manchas quitadas, y a lo humano una vez más en armonía con lo divino!— El conflicto de los siglos, cap. 41, p. 629.
«Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla». Juan 3: 16-17, TLA
DEVOCIONAL ADVENTISTA
UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz
Elena G. de White
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