Devocionales Matutinos

El que Esté sin Pecado, Tire la Primera Piedra

Adultos · Del libro Pero hay un Dios en los cielos...

Versículo:

«Aquí esto;, atestiguad contra mí delante de Jehová delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno o si de alguien he aceptado soborno para cerrar los ojos; y os lo restituiré. (1 Samuel 12:3)

La necesidad de demostrar transparencia y honradez en la gestión pública o en la iglesia no fue una inquietud exclusiva de Samuel, también la expusieron el apóstol Pablo: «Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado» (2 Corintios 7:2), y el propio Jesús: « ¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado?» (Juan 8: 46). Ambos fueron vilmente calumniados por sus adversarios, aunque la realidad era que los verdaderamente corruptos, fraudulentos y deshonestos eran quienes los acusaban: «Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo» (2 Corintios 11: 13). En el episodio de la mujer adúltera, Jesús desveló la hipocresía y el descaro de los denunciantes: «El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella» (Juan 8:7). Todos se fueron. Pero el Maestro, con estas palabras, había establecido un importante principio moral: el examen de conciencia.

Es doloroso constatar la proliferación de casos de corrupción en casi todos los ámbitos de la sociedad. Lamentablemente, también la acusación y denuncia se han convertido en un medio desestabilizador que genera alarma social y que, a veces, por falta de pruebas fehacientes, cuando llega a los tribunales no pasa a más. Por una u otra razón, la sensación de impunidad de los defraudadores de «guante blanco» se está generalizando, con el consiguiente desencanto y desconfianza con respecto a los que dirigen.

Se crean comisiones supervisoras, se nombran censores, se promulgan leyes anticorrupción, se habla mucho; pero la solución, según la Escritura, es otra: la introspección o examen de conciencia personal (¿Quién está sin pecado?). El rearme moral de la sociedad a través de todos los medios educativos que conforman el ideal del carácter: la familia, la escuela, la literatura, los medios de comunicación; terminar con el relativismo moral que establece que cada época tiene la suya y que no hay moral absoluta; fijar como objetivo de la vida y de la actividad profesional el servicio a los demás, es decir, la «regla de oro» y no el afán egoísta de enriquecimiento. Finalmente, recuperar en todos los ámbitos el referente o modelo de Jesucristo: «Ni yo te condeno, vete y no peques más», debiera ser nuestro ruego porque hay un Dios en los cielos...

Decide hoy proclamar el amor y el perdón de Dios.

Envía tus saludos a devocionaladultos@gmail.com

Devocionales del Sábado, 11 de julio de 2015 ›