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Versículo:«Jesús fue a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios. Decía: “El tiempo se ha cumplido y ya está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en la buena noticia”» (Mar. 1: 14-15, LP).
Según el Evangelio de Marcos, estas son las primeras palabras de la predicación pública de Jesús, contenedoras, sin duda, de la esencia de su mensaje. El término griego para decir «tiempo» en esta frase no es el clásico cronos, vocablo que describe el tiempo que se puede medir con nuestros instrumentos, como recuerda en español la palabra «cronómetro». El tiempo al que Jesús se refiere pertenece a otra categoría, para la que el evangelista, sin duda basado en la intención de la predicación original, ha escogido el término kairos, que significa un tiempo calificado como 'el momento propicio.
De acuerdo con los designios de Dios, la venida de Jesús trae consigo a este mundo un nuevo tiempo, el del reino de Dios que se acerca, el de un evento transcendental que modifica el desarrollo de la historia, el tiempo de nuestros calendarios y el curso de nuestras vidas (Rom. 3: 26; 5: 6).
Hablando de ese kairos, Dios había comprometido su palabra con una extraordinaria promesa: «Yo os visitaré [...]. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz [...] para daros un porvenir y una esperanza. Entonces me invocaréis [...] y yo os escucharé. Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón» (Jer. 29: 10-13 RV1977).
A partir de la venida de Jesús hay un «tiempo favorable» que es preciso aprovechar. La noción de kairos pone en el tiempo de nuestros relojes y de nuestras agendas una dimensión de urgencia: tenemos que tomar decisiones y actuar sin demora. El apóstol Pablo lo dirá con toda la claridad posible: «Ahora es el tiempo aceptable (kairos); ahora es el día de salvación» (2 Cor. 6: 2).
¿Y si hoy fuera precisamente el kairos de nuestra vida? ¿Y si este fuera el momento adecuado, el tiempo propicio, y hasta urgente, para tomar una decisión importante, capaz de cambiar nuestra orientación vital, nuestro enfoque de trabajo, o algo esencial en nuestros proyectos? ¿Hay algún momento más favorable que hoy, al final de este año, para revisar nuestra relación con Dios y abrazar sus buenas noticias de salvación?
El antiguo dicho rabínico formula la pregunta en estos términos: «Si tú no, ¿quién? Si ahora no, ¿cuándo?» (Pirke Avot 1: 14).
ESPERANDO SU REGRESO