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Versículo:«Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella» (Apocalipsis 18: 20).
Babilonia es el símbolo de la ciudad del pecado, la ciudad de la confusión, el simbolo de todo lo que se opone a Dios, queriendo construir una torre tan alta para que fuera imposible otra destrucción de los moradores de la tierra con un diluvio. Ahí fue cuando Dios confundió su lengua y los esparció por todo el planeta.
Pero Babilonia simbólicamente persiste, porque es el espíritu contra Dios lo que impera. Detrás de esta fachada se encuentra Satanás como el operador de todo lo que se opone a Dios, induciendo al hombre a revelarse contra él a través de todas las generaciones.
El Apocalipsis describe a Babilonia y a sus obras, hablando en el capítulo diecisiete de quién es ella, mientras que en el capítulo dieciocho revela su caída. Babilonia es la ciudad simbólica donde reina la falsa Iglesia, la guarida de toda clase de inmundicia y de bestias aborrecibles. Es el lugar del cual Dios les advierte a sus hijos: «Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas» (vers. 4).
Dios, así como destruyó a la Babilonia del pasado, volverá a destruir la Babilonia del presente. El pasaje bíblico de este día dice te alegres porque Dios le ha dado su castigo y para siempre dejará de ser. Miles de cristianos han sido martirizados por Babilonia y muchos apóstoles y profetas han muerto por su espada y hoguera; muchos hijos de Dios han sido perseguidos como delincuentes y su única falta ha sido adorar al Dios verdadero. Pero Dios le ha traído a juicio a Babilonia y la destruirá para siempre.
Hoy es el día en que debes escoger en qué ciudad estar: en Babilonia, la enemiga de Dios por todas las generaciones, o en Jerusalén, la ciudad de Dios. donde mora su justicia y su misericordia. Babilonia te ofrece los placeres y las riquezas pasajeras de este mundo en agonía, pero Jerusalén, la ciudad de Dios, te ofrece el gobierno eterno de Dios, la justicia y la paz por la eternidad. Acepta a Jesús como tu Dios, el rey de la Jerusalén celestial donde morarán sus hijos con él para siempre, porque todo es por su gracia.