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Versículo:«Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?» (Génesis 18: 23).
La acción de Dios hacia Abraham muestra la misericordia de Dios y su justicia. Como soberano del universo, no tiene que darle cuentas a nadie; sin embargo, su amor por sus criaturas lo lleva a ser un Dios comunicativo que está dispuesto al diálogo, de manera que, sin que lo merezcan, comparte con sus hijos sus designios a fin de que no haya duda de su actuar como un Dios de amor, pero también con la oportunidad de que sus hijos se arrepientan de su mal camino.
Sodoma y Gomorra habían llegado al límite de sus maldades. La práctica de la sodomía, las aberraciones, la lujuria, la extorción, las borracheras, el robo y muchas otras cosas semejantes las hacían acreedoras del juicio de Dios. El Señor se determinó en exterminarlas con fuego y azufre. Sin embargo, le compartió a Abraham lo que pensaba hacer con estas ciudades. El patriarca, con suma prudencia, le preguntó lo que se narra en el versículo para hoy. La respuesta de Dios a la súplica fue inmediata: «Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos» (vers. 26).
Abraham tímidamente empieza a interceder por las ciudades culpables pidiendo por 45, luego por 40 y después por 30. Le ruega al Señor por 20 y finalmente por 10 justos, pero, por desgracia, no había en la ciudad ni diez justos. Como consecuencia, el Señor las destruyó por completo. ¿Te puedes imaginar que le pides al Señor por Washington, Londres, París, Ciudad de México y Pekín y le preguntas si hay ahí diez justos? No cabe duda de que muchas de las ciudades de estos tiempos no han sido destruidas por amor a los justos que viven en ellas, ya que el juez de toda la tierra sigue dando oportunidades de arrepentimiento, un periodo que no durará mucho más.
Mi querido amigo, no pienses que Dios es ciego a lo que le sucede a tus ciudades ni tampoco que es un Dios que ya no actúa como en el pasado. Por supuesto, Dios sigue dando su misericordia a los habitantes de muchas ciudades por amor a los fieles que en ellas viven. ¿Y a ti? ¿Cómo te ve el Señor? ¿Como justo o como impío? No tardes, es tiempo de arrepentimiento. Ven a Jesús antes de que sea tarde, porque todo es por su gracia.