Devocionales Matutinos

John Philip Sousa

Jóvenes 2 · Del libro Persigue Tus Sueños

Versículo:

Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo. Eclesiastés 3:1.

John Philip Sousa estaba en aprietos. Ese día, cuando rondaba los once años de edad, estaba programado que él tocara un solo de violín en el concierto de su escuela. Aquel mismo día debía presentarse con su equipo a jugar béisbol. El equipo de niños Navy Yard, del que era el lanzador, se enfrentaría al equipo Capítol.

-No nos puedes defraudar -le decía Eduardo-. Eres nuestro mejor lanzador.

-¡Pero me debo preparar para el concierto!

-El juego no durará mucho tiempo -insistió Eduardo-, Tendrás suficiente tiempo para arreglarte.

Sin embargo, los equipos fueron parejos, y el juego se prolongó hasta las seis de la tarde, treinta minutos antes de iniciarse el concierto. Philip corrió a su casa para cambiarse. Para su consternación, se enteró de que su mamá se había sentido mal toda la tarde y no había podido planchar su camisa.

“Si tan solo tuviera tiempo de plancharla yo mismo -se decía-; pero eso ni pensarlo ahora”. Tomó una de las camisas de su papá, aseguró las mangas y el faldón con alfileres. El cuello era de un tres talles más grandes que el suyo, pero sería suficiente por el momento. Corrió a la escuela y ocupó su lugar justo cuando empezaba el concierto.

Todo estuvo bien hasta el momento de tocar su solo. Era una pieza difícil y los movimientos del brazo debían ser cortos y rápidos. Esto resultó ser un trato muy rudo para los alfileres que sostenían la camisa. Poco a poco se aflojaron los alfileres. Se le soltó el faldón de la camisa y le colgaba hasta las rodillas. Las mangas se le fueron deslizando hasta cubrirle las manos y estorbarle el movimiento del arco. De repente, dejó de tocar y salió huyendo de la plataforma.

El público se rió. Sus compañeros de orquesta trataron de no reír, pero no pudieron evitarlo. Su profesor estaba tan enojado, que le prohibió comer pastel en la recepción al término del concierto.

-He aprendido una cosa en este día -reflexionó Philip cuando se acostó esa noche-. De hoy en adelante, cuando sea tiempo de trabajar, trabajaré. Cuando sea tiempo de jugar, jugaré. Nunca más trataré de mezclar las dos cosas.

Abril 19

Devocionales del Domingo, 19 de abril de 2020 ›